
Por Lucia Reina
Prainha. Itacaré, Brazil
La pequeña aldea de pescadores de Itacaré, ubicada en el estado de Bahía, 400 Km. al sur de Salvador, tiene todo aquello que uno espera en el sitio donde va a pasar vacaciones: playas preciosas, locales amistosos, una buenísima variedad gastronómica, y poca gente.
De todas las playas de la zona, enmarcadas entre verdes morros y palmeras, esta se lleva sin lugar a dudas el primer puesto.
Para acceder a este paraíso terrenal, es necesario adentrarse en la selva durante una hora, por lo que es recomendable contar con algo de estado físico y un guía para la excursión.
Digna de un anuncio de licor caribeño, la playa en forma de media luna está rodeada por un palmeral. Bañada por un mar tibio de olas perfectas, es un edén para surfistas. Un lujo reservado para pocos.
Itacaré tiene varias opciones de alojamiento. El Eco-Resort Txai, catalogado como uno de los más lujosos del país, ofrece una experiencia ecológica de primera, donde lo más importante es que el huésped se sienta en sincronía con la naturaleza. Para presupuestos más conservadores está la zona de Praia da Concha, la más bonita y apacible.
A pasos del centro de la aldea y de las playas, allí se encuentran lugares impecables como la posada Coqueiro Verde.
En la aldea todo pasa en la calle principal, llamada Lodónia Almeida. Aquí hay restaurantes, tiendas y bares, y es el punto de encuentro para las salidas nocturnas. El restaurante Boca do Forno, que ofrece una cocina fusión italiana y brasileña de alto nivel, es absolutamente imperdible; sin embargo, para una cena típica bahiana, el restaurante Tia Deth, una pequeña tabernita con pocas pretensiones, ofrece la mejor moqueca de camarones y pescados del lugar.
www.itacare.com
Crasquí. Los Roques, Venezuela
Si existe el cielo en la tierra, queda en Los Roques. Ubicado a 166 Km. al Norte de Caracas –se llega en tan sólo 35 minutos de vuelo desde el Aeropuerto Internacional– es un archipiélago de cincuenta islas que, desde 1972, fue declarado Parque Natural, lo que significa que sus playas se mantienen en estado puro.
Vacacionar en este lugar equivale a vacacionar en un lugar fantasma, tanto es así que sólo se ha permitido la construcción en una de las islas, la principal: Gran Roque. Este es un destino prácticamente desconocido, menos para los italianos, que suelen conformar el 90% de los visitantes.
Allí se encuentran los establecimientos más populares, como la Posada Caracol. Con un look muy mediterráneo, es uno de los destinos favoritos. Desde ahí, un plan habitual consiste en subir a un catamarán para visitar las islas desiertas y hacer snorkel. Con más de 250 arrecifes coralinos dispersados por la zona, este paraíso submarino es un lugar de ensueño para hacer buceo.
Crasquí es una de las islas más secretas y bonitas de todo el archipiélago. Tan secreta es que sólo tiene un restaurante, Juanita, donde la propia dueña cocina el pescado más fresco del mundo. Para aquellos aventureros que quieran la privacidad absoluta, allí se encuentra Rancho Agua Clara: un alojamiento tipo camping, compuesto por carpas. En Crasquí también se pueden alquilar equipos de kayak, windsurf y botes.
Por ser territorio protegido, es también un santuario de aves.
Una excelente manera de visitar Los Roques es alquilando un velero o yate con un grupo de amigos. Hay una gran variedad de paquetes, que también pueden incluir cursos de buceo o pesca. Y si no quieren cocinar, un chef a bordo puede encargarse.
www.losroques.org
Ovahe. Isla de Pascua, Chile
No existe un destino más misterioso en toda Sudamérica que la Isla de Pascua. Perdida en el Océano Pacífico –se llega en un vuelo de 5 horas desde Santiago de Chile–, esta es la cuna de las silentes estatuas moáis y el hogar de la etnia Rapa Nui. La isla, que ha sido calificada como el Ombligo del Mundo por su posición en la tierra, es famosa por tener una energía especial, casi esotérica, que recarga a todo el que la visita.
Allí, en el extremo Oeste de la Bahia de La Perousse, se encuentra la pequeña playa de Ovahe, un lugar especial cuyo principal atributo es su arena rosada, formada así gracias a la mezcla de tierra volcánica rojiza con arena blanca de coral. La misma presencia del arrecife en la zona hace de esta un epicentro de impresionante biodiversidad, ideal para bucear.
La isla cuenta con un clima que ronda los 28ºC en el verano austral. Perfecta para parejas, la experiencia mezcla el más alto confort con el turismo histórico, gracias a que también es un recorrido por el misterioso mundo de los Rapa Nui. Hay un sinfín de excursiones, como subir al crácter del volcán Ranu Raraku o visitar la aldea ceremonial de Orongo.
Para disfrutar de Ovahe como debe de ser, el hospedaje recomendado es la Posada de Mike Rapu: un majestuoso edificio que se encuentra aislado sobre una colina. Sus amplios ventanales ofrecen la más impresionante vista al Pacífico y su política de “Todo Incluido” es perfecta para dejarse mimar. Como segunda opción está el Hotel Lorana en las afueras de Hanga Roa, la pequeña yúnica aldea del lugar.
Un restaurante que no se puede dejar de visitar es Au Bout du Monde, un encantador bistró Belga que usa técnicas de la cocina Rapa Nui mezcladas con cocina francesa. Además, tiene una terraza para cenar a la luz de las miles de estrellas que se avistan a la distancia.
www.easterislandquest.com
Playa de La Calavera. Cabo Polonio, Uruguay
Ubicada en Rocha, en la costa oeste de Uruguay, Cabo Polonio es la madre de las playas secretas e inexploradas. Para llegar, lo mejor es volar a Montevideo, rentar un coche y hacer los 270 kilómetros de viaje por la costa –una experiencia de una belleza impensable– hasta alcanzar la meta: un pueblecito de estética africana donde no hay calles, ni corriente eléctrica, ni televisión. Naturalmente,un lugar donde se respira un ambiente hippie y se vive la más absoluta desconexión.
La Playa de la Calavera es una de las dos playas que bañan Cabo Polonio. Es una playa larga y extensa, de aguas tranquilas y tibias, que debe su nombre al hecho de que, en el, los indígenas que la habitaban tomaban el cuero del ganado y arrojaban allí
los restos del animal, por lo que muchas veces aparecía cubierta de calaveras.
Este es un destino elegido cada año por uruguayos y argentinos, más que todo, que buscan pasar tiempo con los suyos, distanciados del mundo exterior. Las instalaciones son bastante básicas y los habitantes desean que así se mantenga, por lo que no se autoriza la construcción de nuevos hoteles o resorts. Por ello, se recomienda reservar alojamiento con anticipación en las pocas casas y hosterías disponibles.
Uno de los locales favoritos del lugar es la Hostería de la Perla. Una casita coqueta cuyo porche da directamente al mar. Allí, la experiencia no es de lujo, pero el confort es natural.
Su restaurante es de los más famosos del lugar, especializado en comida de mar. Para impregnarse del espíritu de lugar, es imposible no pasarse por La Golosa, un excéntrico restaurante que sirve deliciosos manjares al son de música chill out.
También funciona como salón de té y nadie entra sin antes quitarse los zapatos.
Porque Cabo Polonio es así.
Puro relax.
www.cabopolonio.com
Punta Sal. Tumbes, Perú
La costa Norte de Perú es conocida por sus fantásticas playas, en especial por la gran favorita de los surfistas alrededor del mundo: Máncora. A tan solo unos minutos de este popular balneario, en la Provincia de Tumbes, a dos horas de avión de Lima y en medio de una comunidad pesquera que no está muy acostumbrada al turismo, se encuentra la menos promocionada pero –quizás por lo mismo– más alucinante Punta Sal: una playa extensa y preciosa, con un clima que raya en la perfección –temperaturas medias de 26ºC durante todo el año– y un paisaje muy natural, donde no hay rastro de las cadenas hoteleras ni del turismo masivo que tanto perturba el descanso.
En los meses de verano, en este recodo bañado por las aguas azules del Pacífico se disfruta de un ambiente amistoso y descomplicado, sin tanta fiesta y publicidad como el de Máncora; sin embargo, al igual que las de su vecina, sus aguas tienen buenas olas que atraen a algunos surfistas, ideales para paseos en motos acuáticas. En la arena también suelen realizarse largas cabalgatas que cobran especial protagonismo a la hora de la puesta del sol.
Como es de esperarse, aquí no hay grandes resorts; sin embargo, no hacen falta. Para vivir esta experiencia al máximo, lo ideal es alojarse en los hotelitos que quedan sobre la playa. Nada muy sofisticado ni pretencioso.
Lo mejor para relajarse y disfrutar de un verano lejos de todo. En Punta Sal Club Hotel, por ejemplo, se puede disfrutar de cómodos bungalows y una vista privilegiada.
El plan perfecto de Punta Sal es simple, pero sublime: sentarse en uno de los restaurantes, a orillas del mar, y disfrutar de una Pilsen helada y un cebiche de esos que solo los peruanos saben hacer.
www.puntasal.com.pe
KORALIA. Santa Marta, Colombia
En Colombia es difícil encontrar una playa que no sea bonita; sin embargo, esta es única. Apenas tocada por la mano del hombre, Koralia está ubicada a 35 minutos de Santa Marta, en el departamento del Magdalena, muy cerca a la Guajira, o sea, arriba. El trayecto de cuatro horas en auto desde Cartagena es también popular, debido al hermoso paisaje que se observa desde la autopista que bordea el Mar Caribe.
No son muchas las playas tropicales desde las que de puede observar un pico nevado. En Koralia, que queda justo en las faldas de la Sierra Nevada de Santa Marta, se puede disfrutar de esta experiencia. Por unlado, arena y mar. Y por otro, sierra gigante y verde, con un hermoso pico blanco que podremos apreciar si estamos de suerte y el cielo está despejado
Aquí, se respira un ambiente de naturaleza pura e indígena –los Arhuacos son los nativos del lugar–, con pocas huellas de la caprichosa mano occidental. En cuanto a la playa, larga y ancha, de arena blanquecina, una estética salvaje e indómita, y el mar puede ser bastante inquieto por momentos, lo que puede significar mucha diversión a la hora del baño.
Para disfrutar de este paisaje mágico, nada mejor que el Hotel Playa Koralia: un lugar que parece sacado de un libro de García Márquez. Una singular eco-posada que garantiza una experiencia casi espiritual. La comida es deliciosa: pesco-vegetariana, y el ambiente en general es como el de un spa: ideal para relajarse, recargarse y conectarse con la armonía del lugar. Por lo mismo, el hotel ofrece tratamientos de acupuntura, masajes, hidroterapia y yoga.
Koralia es sin duda un pedacito de tierra que queda virgen y por descubrir, ideal para parejas en busca de la desconexión total en un ambiente místico y armonioso.
www.koralia.com
Garapuá. Tinharé, Brasil
A dos horas en barco de Salvador de Bahía, en el sur de la Isla Tinharé –no en el norte, donde queda Morro de Sao Paulo, un destino turístico bastante trillado– queda Garapuá. Es una suerte que, teniendo tan cerca a un pueblo vacacional tan popular, este oasis se haya mantenido tan anónimo.
Garapuá es una aldea de pescadores que se encargan de abastecer el mercado de Morro de Sao Paulo. Como playa, tiene un atractivo casi surreal. Cuando baja la marea del mar, lo que quedan son decenas de naturales repletas de peces tropicales. El lugar, entonces, se convierte en un cielo del snorkel al que se puede acceder directamente caminando desde la costa, pues por cientos de metros mar adentro el agua no llega más arriba del pecho.
Sobre la playa de Garapuá no hay construcciones, apenas algunos locales de madera que ofrecen deliciosas y enormes langostas a precios fantásticos. ¿Nuestro recomendado? Capitao Pipoca, un restaurante especial donde el propio capitán se pone tras los fogones para servir una comilona formidable.
A tan solo 20 minutos de esta playa, a medio camino entre Morro y Garapuá, se encuentra el maravilloso hotel Anima. Su dueño, de origen francés, ha creado un paraíso de bungalows dentro de la jungla y a escasos metros del mar, donde hasta el más ínfimo detalle está pensado. Un verdadero cinco estrellas con buen gusto y personalidad. A diario, desde el hotel se organizan cabalgatas hasta Garapuá, donde los huéspedes pasan el día en la playa solitaria mientras sus caballos pastan al lado de la barraca del capitán que felizmente prepara pulpo y langostas para todos.
¿Se puede pedir algo mejor?
www.garapua.com
Montañita. Provincia Santa Elena, Ecuador
La Costa del Sol de Ecuador está ganando cada vez más adeptos por todo el mundo, pero felizmente aún se conserva lo suficientemente natural y auténtica como para ser un destino inolvidable. En Provincia Santa Elena, a tres horas en coche de Guayaquil, está Montañita.
Un lugar entrañable con una energía muy especial.
Ahora, puede que esta playa no sea tan espectacular como las anteriores; sin embargo, lo más bonito que tiene es el ambiente. Unas vacaciones aquí prometen volvernos en el tiempo a aquellos años adolescentes, donde se tenían cientos de amigos y todo era diversión.
Con una vida nocturna bastante agitada pero de tono informal, nadie se va sin un nuevo ejército de amistades internacionales.
La playa tiene casi un kilómetro y está enmarcada por verdes colinas. Se dice que es la cuna de una ola derecha absolutamente perfecta, por lo que abundan las tablas de surf. Entre junio y septiembre, la aldea de Puerto López, a tan sólo 35 minutos de distancia, un santuario de ballenas jorobadas.
Aquí, el lujo no se impone y reina la teoría del menos es más. Las posadas son básicas, atendidas por los propios dueños, y hay un sinfín de restaurantes, donde ofrece comida regional e internacional, basada, sobre todo, en frutas, pescados y mariscos.
La zona de La Punta, al norte, es el mejor lugar para quedarse –para esto no se recomienda el centro, pues allí la fiesta no acaba sino hasta las 7 de la mañana–. Prácticamente sobre la playa, está una distancia prudente de todo lo necesario.
Allí se encuentra el hotel Rosa Mística, que con sus coquetas cabañitas con techos de paja es un favorito de los visitantes.
Para aliviar tensiones y pasarla bien entre amigos, música y sol, créanlo: Montañita es el destino ideal.
www.montanita.com


















