
Por Juan Masullo
Sus sueños transformaron el espacio y el tiempo. Sus imaginaciones, la realidad. Cinco visionarios de la casa. Cinco artistas cuya obra es también nuestro hogar. Por Juan Masullo
OSCAR NIEMEYER Rio de Janeiro, Brasil 1907
Sin duda alguna, es el padre de la arquitectura moderna del Brasil. Desde temprana edad, fue un acérrimo comunista y un profundo idealista, lo cual le costó el exilio en épocas recias. Inconforme con las “líneas rectas” propias de la arquitectura carioca, Niemeyer tomó la ruta de la revolución. Desafió el mismo sentido arquitectónico, se inclinó por las curvas voluptuosas y los lugares improbables, le apostó a nuevos materiales como el hormigón armado y triunfó sobre viejos paradigmas de la física y la ingeniería. Con una energía creativa sin igual, cuestionó lo tradicional y se adelantó décadas con sus diseños, convirtiéndose en una de los nombres más respetados de la arquitectura mundial.
Su obra se extiende por el mundo. En Francia hizo la sede del Partido Comunista; en Italia, la de la prestigiosa Editorial Mondadori; en Portugal, el Pestena Casino Park; en Malasia, la Mezquita Estatal de Penang; y en Nueva York, la sede de la ONU, proyecto el que trabajó con una de sus principales influencias: Le Corbusier. El grueso de su trabajo, sin embargo, se encuentra en su país. Su proyecto más ambicioso vino en la década del 50, cuando cristalizó, junto al urbanista Lúcio Costa, el centro político –y capital– de Brasil: Brasilia. Declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, esta es la única ciudad construida en el siglo XX que ha recibido tal honor.
“El trabajo me mantiene joven”, dijo alguna vez Niemeyer. Un hombre que, a los 101 años, sigue rompiendo paradigmas. El año pasado presentó el Puerto de la Música en Rosario, Argentina; el próximo presentará la Plaza de La Soberanía en Brasilia y el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer en España; y dicen que no son pocas las sorpresas que guarda para el mundial de fútbol del 2014 en su país.
ROGELIO SALMONA Paris, 1927 – Bogotá, 2007
El ladrillo, la materia prima. El concreto, a la vista. El agua, las venas del paisaje. La armonía entrelo público y privado a través de la democratización de los espacios: su cometido. Estas son las marcas distintivas del número uno de la arquitectura colombiana: Salmona.
En Francia, donde nació, fue discípulo del gran padre de la arquitectura moderna: Le Corbusier; sin negar influencias, sin embargo, cultivó una firma propia. Para él la arquitectura siempre fue un servicio público. Un arte colectivo, repleto de argumentos éticos y políticos, concebido con el único fin de facilitar el flujo de la vida misma en sociedad. Aún así, lo suyo no fue solo pragmático. Supo sintetizar poéticamente sus edificaciones con el contexto, haciéndolas parte del ambiente. En otras palabras, supo crear una fusión exquisita entre lo sensible y lo funcional.
Aunque el grueso de su obra está en Bogotá, su magia no respeta fronteras y su legado resuena en todo el planeta. Explorando las raíces de Latinoamérica en su obra, a menudo citando a los aztecas como gran fuente de inspiración, entre sus mayores creaciones se encuentra el centro urbanístico To rres del Parque, el Archivo General de la Nación, el Centro Cultural Gabriel García Márquez y la Biblioteca Virgilio Barco. La suya, es una obra de altísima factura que le sobró para ser el primer latinoamericano en la historia en recibir el aclamado premio Alvar Aalto.
LUIS BARAGÁN MORFIN México 1902 – 1988
La fusión de lo local y lo moderno hacen de la obra de Barragán una estación obligatoria en la historia de la arquitectura mundial. Su estilo, que explora la mexicanidad, fue bautizado por él mismo como “emocional”, en tanto que funde impresiones de su juventud, transcurrida en un Jalisco rural y campesino, con sus viajes por el mundo. Entre la nostalgia y el mañana, lo místico y lo\ espiritual, resalta una pregunta a lo largo de su obra: la pregunta por la identidad.
Terminados sus estudios en Guadalajara, viajó a España y Francia donde
se cruzó con dos de sus más notorias influencias: Ferninand Bac, quien
despertó su gusto por la jardinería, y Le Corbusier, quién avivó en él
la llama paisajista. La luz, el agua, los colores brillantes, los
gruesos murales y las pequeñas aberturas, son los recursos con los que
construyó su obra.
Entre sus trabajos más sonados, se
destacan, en el DF, la Casa Giraldi, la Capilla de Tlalpan y la Casa
Estudio Luís Barragán; en Guadalajara, la Casa Enrique Aguilar; en
Acapulco, los Jardines del Hotel Pierre Márquez; en Ciudad Satélite,
las To rres de Ciudad Satéli te; y el Faro del Comercio en Monterrey.
Como símbolo de la modernidad arquitectónica manita, ha sido el único
mexicano en recibir el prestigioso Premio Pritzker. A sus admiradores
les dejó un mensaje contundente: "No vean lo que yo hice, vean lo que
yo vi".
CARLOS RAÚL VILLANUEVA Londres 1900 – Caracas 1975
La arquitectura según Villanueva: la pura esencia. La organización artística del espacio. Aunque dejó huellas importantes en otras ciudades, como Maracay, es visto por muchos como el hombre que transformó Caracas. Testigo de los más intensos vientos modernistas y desarrollistas europeos, culminó sus estudios en París.
De vuelta en Venezuela, a donde trajo ideas frescas y revolucionarias, buscó sacar adelante su obsesión más inquietante: alcanzar la síntesis de los diferentes tipos de arte. En otras palabras, crear una sola plástica. Lograr que la pintura y la escultura se encontraran con la arquitectura en otra dimensión: la de los nuevos espacios. Curiosamente, su primer gran proyecto fue el Museo de Finas Artes de Caracas. Entre sus obras en la capital venezolana se destacan el Museo de Ciencias Naturales, la Casa\ Caoma, la Iglesia La Asunción y la Escuela Gran Colombia; sin embargo, su obra maestra es la Ciudad Uni versitaria de Caracas.
“Fusión del arte abstracto contemporáneo en un todo arquitectónico”, como fue definida por la Tate Gallery de Londres, este es un ejemplo brillante de planeación urbanística, donde se simplifica el espacio y se potencia la funcionalidad. No en vano, este proyecto, que fue declarado en el 2000 como World Heritage Site por la UNESCO, es uno de los puntos más altos del modernismo latinoamericano.
ELADIO DIESTE Artigas, 1917 – Montevideo, 2000
Sacudiendo el Uruguay con ideas de avanzada, Dieste marcó un hito en la arquitectura continental. Le Corbusier, el catalán Antonio Bonet y el mismo Gaudí lo influenciaron; sin embargo, lo foráneo nunca lo encandelilló. Siempre ligado alo autóctono, exploró la naturaleza de su oficio desde la raíz, de tal manera que su gran logro, en últimas, fue combinar vanguardia arquitectónica, artesanía local y economía de recursos para crear obras elegantes, innovadoras y sobre todo: uruguayas, reverenciadas a lo largo y ancho del globo.
Trabajando la forma como si de escultura se tratara, administrando el espacio, la proporción y la textura de manera equilibrada, y priorizando siempre el uso de luz natural, su aporte principal fue la cerámica armada, el gran fundamento para sus preciosas construcciones abovedadas. Esta técnica innovadora y práctica –y barata– ha sido objeto de estudio y aplauso por centros tan reputados como el MIT , la Universidad de Princeton y el MOMA de Nueva York.
La obra de Dieste adorna el paisaje de su país, donde es conocido como “El señor de los ladrillos” por el uso recurrente de este material. Las iglesias de Atlántida, San Pedro y Cristo Obrero, dan cuenta de un lenguaje arquitectónico orgánico, juguetón, inspirado. El edificio del Banco de Seguros de Estado en Montevideo, el depósito de Azucitrus en Paysandú y la Estación del Omnibus de Salto, están entre los trabajos que hay que ver. Su huella también es notoria en Brasil, donde construyó el Mercado de Rio de Janeiro, el Pabellón de Comerciantes del Mercado de Porto Alegre y el Mercado de Maceio
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