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Asegúrese de no estar atravesando una etapa
Una noche de tragos con sus amigos. Las cosas se empiezan a poner algo locas. De repente, se encuentra besándose con uno de ellos. WTF? Lo extraño es que usted es un hombre y tiene una novia hace unos años. Antes de romper su relación y contarle al mundo entero sobre su nueva inclinación sexual, asegúrese de no estar pasando por una etapa. Haga un pequeño listado. ¿Series favoritas? Si son The Hills o American Next Top Model, un punto para la columna “Gay”. ¿Artistas favoritos? ¿Kylie y Madonna? Otro chulito para esa casilla. ¿Cada mañana se fija en que sus zapatos combinen con sus medias, su cinturón y su peinado? Salga del closet de inmediato..

No lo dude
En esto, no hay de otra. Si no quiere alcanzar fondos tan bajos como la siempre patética doble vida, el trastorno obsesivo compulsivo, la heroína, el cianuro, el poco recomendable asesinato en serie o algunos monasterios, no se reprima y salga del closet como quien pone la nalga para la inyección: de una y sin pensarlo. En esto: el que piensa, pierde.

No salga del closet sin antes escoger bien la ropa de su closet
Sea discreto. Aunque a todos nos enorgullece la revolución sexual que se vive en esta época, aún hay a quienes les cuesta trabajo adaptarse a las expresiones de la homosexualidad, lo cual apesta, pero no deja de ser la verdad. Entonces, si lo suyo han sido los chinos y las camisas a cuadros, no aparezca de
la noche a la mañana luciendo un kimono. Tampoco salte a los colores fosforescentes de un día para otro. Un paso a la vez para que su nuevo yo sea más fácil de digerir.

Elija a quien le va a dar la noticia
Cada persona necesita un proceso distinto para digerir la buena nueva. Puede empezar por su círculo más cercano. Con la familia, el tema es delicado, pero bueno, esta es una excelente oportunidad para poner a prueba el amor filial. Algunos amigos se preguntarán si usted alguna vez fantaseó con ellos, mientras que algunas amigas se desilusionarán, pues en el fondo guardaban la esperanza de que su príncipe azul fuera usted. Con otras personas, especialmente con los compañeros de trabajo, se recomienda aplicar la política del don't ask, don't tell: uno nunca sabe qué tan Nazi pueda resultar su jefe. O qué tan gay.

Busque el momento adecuado
Su familia, que es muy tradicional, lleva días preparando la cena navideña: la noche más esperada del año. Desde el viejo abuelo, que acaba de sobrevivir a su decimotercer infarto, hasta su tío, que es pastor cristiano, están todos presentes en la mesa. No hace falta nadie. De repente, en medio de las risas, alguien da un pequeño golpeteo en su copa de champaña para proponer un brindis: usted. Entonces se levanta de su silla y luego de tomar aire, dice en voz alta y decidida: “Querida familia: soy gay”. Paso en falso.

Escoja su letra
En un universo de tan diversas posibilidades sexuales, es conveniente  que identifique cuál es la suya y se abandere. Sírvase de la sigla oficial de la divergencia sexual: LGBT, y pregúntese: ¿soy un hombre al que le gusta ponerse pestañas postizas, pelucas y tacones transparentes? Entonces su letra es la T, de Transgenerista. Si por el contrario en ocasiones le gusta esto y en otras lo otro, entonces la suya es la B, de Bisexual. Si es una chica a la que le gustan las chicas, favor ubíquese en la L, de Lesbiana, y si es un chico al que le gustan los chicos, la suya es la G, de Gay –palabra que en este contexto solo aplica para los hombres–. Esto no solo le servirá para solucionar las dudas de los ignorantes, que no sobrarán, sino que también lo ayudará a ubicar su caravana en el Pride Parade.

Llegue preparado
La ignorancia es atrevida. Y curiosa. Por eso, debe estar preparado para una lluvia de preguntas y comentarios relacionados con su sexualidad, como la clásica: “O sea que si tú eres hombre y te gustan los otros hombres, ¿cómo haces para… eh… tú sabes… eh… eso?” Las preguntas pueden volverse incisivas y algunos intentarán escarbar a fondo entre sus sábanas para comprender este nuevo mundo del que, a sus ojos, usted es el único espécimen. Entonces: ni se ofenda, ni entre en detalles. A veces, lo público y púbico simplemente no deben enredarse


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