Por Hernán Vera Álvarez
Nacido en 1967 en Cochabamba, es uno de los nombres más destacados de la nueva narrativa hispanoamericana. En esta oportunidad, presenta su última novela y reflexiona sobre literatura, política e inmigración.
“¿Por qué?”
La pregunta, tan complejamente sencilla como un proverbio Zen, salió como un balbuceo triste de la boca del viejo sheriff Ed Tom Bell al leer las noticias policiales en un bar de West Texas, en el film No country for old men. Ese mismo interrogante se hizo Edmundo Paz Soldán cuando cayó en sus manos un dossier con recortes periodísticos sobre una serie de muertes en Dryden, un pueblo a veinte minutos de Ithaca, la ciudad donde vive en el estado de Nueva York.
“Me quedé impactado, sobre todo porque la mayoría de los que habían muerto eran adolescentes en el último año del colegio”, se lee en la nota que sirve de epílogo a su novela más reciente: Los vivos y los muertos. “Durante un tiempo, la cercanía de Dryden me hizo pensar seriamente en animarme a escribir un libro de investigación periodística sobre el tema; sin embargo, una tarde de 2004, cuando vivía en Sevilla, comencé a escuchar voces. Eran las voces de los adolescentes. De pronto, me di cuenta que, sin escribir una sola línea, sin siquiera haberlo planeado, tenía ya la estructura narrativa de una novela. De modo que decidí escuchar esas voces y ver a dónde me llevaban”.
Y las voces lo llevaron por un camino filoso: un thriller.
Los personajes de Los vivos y los muertos viven entre el miedo y la ingenuidad. A diferencia de sus anteriores novelas, Palacio Quemado (2006) y El Delirio de Turing (2003), caracterizadas por tener a Bolivia como escenario –a aquella Bolivia indígena, digna y revoltosa–, esta vez Paz Soldán, quien actualmente es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell, describió un mundo de una cotidianidad sin fe, sobrecargado de marcas de ropa, comida chatarra, malls. Así, su thriller también reflexiona sobre los frágiles mecanismos que ponen en movimiento a la sociedad norteamericana.
Esa misma desde la que escribe –y a la que quizás también describe– hoy, en español.
¿Con qué desafíos te encontraste a la hora de escribir esta nueva novela?
Por un lado, me costó trabajo definir el género. En principio estaba tentado a hacer algo de no-ficción, una crónica de investigación, un reportaje. Pero luego, una vez comencé a escuchar en mi cabeza las voces de los adolescentes, todo se me fue aclarando. Me dí cuenta que debía ser una novella con múltiples monólogos.
¿Qué posibilidadesestéticas te dio trabajarel thriller, un géneroconsiderado por algunos como menor?
Muchísimas. No se trata del género sino de lo que uno hace con él. El thriller me permitió encontrarle ritmo a la novela desde las primeras páginas. Quería que todo tuviera una dinámica vertiginosa, que el libro pudiera leerse de una sentada. El thriller también me ayudó a crear el “suspense”, la sensación de no saber qué va a pasar, la curiosidad que te anima a seguir leyendo.
A diferencia de tus novelas anteriores, esta se sucede en Estados Unidos, país en el que vives desde hace años. ¿Porqué ahora y no antes?
Necesito que transcurran varios años para que las experienciasse sedimenten y yo gane en perspectiva. Que hayan pasado veinte años para que yo me haya animado a ambientar toda una novela en Estados Unidos ha sido, digamos, un proceso natural.
Cada vez hay más autores hispanos –o de origen hispano– que viven y escriben en Estados Unidos: Daniel Alarcón y Junot Díaz, por ejemplo (de origen peruano y dominicano, respectivamente, ambos escriben en inglés). ¿Piensas que de algún modo ciertos estereotipos están cambiando?
Cambian los estereotipos, se forman nuevos estereotipos. Lo ideal es que algún día se acepte que la literatura latina en Estados Unidos también se escribe en español.
Este año se han editado varias antologías de nuevosnarradores latinoamericanos en Estados Unidos. ¿Leíste algunas?
La de Zoetrope (revista fundada por Francis Ford Coppola en 1997, que el año pasado ganó el National Magazine Award), editada por Daniel Alarcón y Diego Trelles.
¿Qué rasgo principal encuentras entre estos narradores (en esta antología figuraron, por ejemplo, Ronaldo Menéndez, cubano; Patricio Pron, argentino; Rodrigo Hasbún, boliviano; Alejandro Zambra, chileno; Verónica Stigger, brasilera) a diferencia de otras generaciones de escritores?
Mucho eclecticismo, mucha calidad. No siento que haya una ruptura con la generación anterior, digamos, con la mía. Siento, sí, que se profundizan ciertas tendencias, que se explora cada vez más la intimidad…
Hablando de generaciones, ¿cómo se explica que un autor canonizado como Gabriel García Márquez siga vendiendo tantos libros y que su influencia, a la vez, sea casi nula en las nuevas generaciones?
Creo que hubo una sobresaturación de su influencia en los años ochenta. Con el tiempo, creo, todo volverá a una medida más justa de su influencia.
¿Qué obras escritas luego del “boom” merecerían entraren el canon latinoamericano?
Roberto Bolaño y Ricardo Piglia son los autores centrales de un nuevo canon.
¿Cuáles serían las razones por las que un autor como Bolaño ha despertado tanto interés en los Estados Unidos?
En primer lugar, la calidad enorme de su obra. Dos de sus novelas han estado en la lista de las diez mejores del año según el New York Times. En segundo lugar, el personaje: para la crítica norteamericana, Bolaño es una suerte de Kerouac latinoamericano, un beat a trasmano. Y Kerouac, claro, es uno de los escritores más carismáticos de la literatura de los Estados Unidos. Bolaño sobrevive a la comparación, eso lo hace fascinante.
Adolfo Bioy Casares les llamaba “inexplicables” a aquellos autores que gozaban del prestigio que sus obras no tenían, y daba como ejemplo a Boris Vian o a Horacio Quiroga. ¿Cuáles son los “inexplicables” de Edmundo Paz Soldán?
Yo tengo “inexplicables” al revés: los autores que no gozan de un prestigio que en verdad sus obras tienen. Pienso en el ecuatoriano Pablo Palacio, en el boliviano Jaime Sáenz.
Hablemos de política. Estados Unidos es un país de inmigrantes;sin embargo, por las últimas leyes y por la –otravez pospuesta– Reforma Inmigratoria pareciera que eso noimportara. ¿Por qué esta paradoja?
Porque Estados Unidos nunca tuvo una inmigración como la hispana,de tanta gente dispuesta a no perder su lenguaje, su cultura.Anteriormente, los que venían a este país dejaban de ladociertos aspectos de su cultura en pos de integrarse con mayorfacilidad en una nueva sociedad. Eso asusta a los conservadores.
¿Hay algún aspecto reciente de la política en América Latina que te parezca interesante?
El auge neopopulista, la aparición de líderes indígenas como Evo…
Sin hacer futurología, ¿cómo ves la Bolivia post Evo Morales?
Bolivia está en medio de una revolución. Va a haber una grantransformación de las relaciones sociales. Paradójicamente, lainclusión social a la que apuntan los cambios de Evo produciráuna mayor división a nivel regional. Una fractura que necesitarálíderes con mucha visión.
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