Acéptelo

Deje de referirse a esa persona y menos como su novio/novia. Táchela con una X para que se le clave en la cabeza como lo que es: como su EX. Haga público su rompimiento. Esto le ayudará a visualizarse de nuevo como soltero. Cambie su estatus en Facebook y verá que despertará la atención de los eventuales gallinazos que planeaban a su alrededor, expectantes ante la inminente muerte de su relación. Esto será bueno para su ultrajada autoestima. Y excelente lenitivo para la recuperación.

Desconéctese
Durante la primera etapa del rompimiento no debe haber ningún tipo de comunicación entre usted y su ex. Es difícil, sí, pero hay que tratar de evitar, a como de lugar, enviar mensajes o hacer llamadas insultándose con palabras tan gratas como Gracias por nada o Grandísimo hijo de */%!. Borre a esa persona de todas sus listas de contactos, así también evitará la tentación de comunicarse y sobre todo, de caer en el más profundo de los fondos: el drunk dialing. Tampoco vale usar excusas para comunicarse. Pase lo que pase, no vale llamar ni escribir para felicitar o condoler. Solo valen el olvido y la dignidad.

Llore
Organice un playlist –al que bautizará “Despecho”– con una selección de los éxitos más deprimentes de Darío Gómez, Vicente Fernández, Diomedes Díaz y Carlos Gardel. Póngale estilo a su despecho: nada de Ricardo Arjona y mucho menos Ricardo Montaner. Acompañe la sesión con un tequila. Póngase el suéter que su ex olvidó esa noche que se quedaron viendo películas. Siéntese a mirar fotos, leer cartas y correos electrónicos. Pida una pizza extragrande y cómasela hasta el final. Mírese al espejo y acepte lo feo que es. A continuación, llore hasta el cansancio. Llore en la ducha mientras se baña, en la cama mientras se duerme, llore por doquier por un buen par de meses hasta descarnarse la nariz. Sentirse patético y miserable durante este lapso está bien.

Enloquezca
Hidrátese bien. Llame a todos sus amigos y arme plan para la noche. Haga un tour por la ciudad y embriáguese hasta caer. El uso de sustancias prohibidas también está permitido. Todo vale para evadirse y anestesiarse: peyote, éxtasis, pegante, yajé. Vístase bien para recorrer los bares de moda. Tiene derecho a comportarse como un adolescente de excursión en Cancún y hacer el ridículo. Párese a bailar sobre la barra y menéelo bien. Haga striptease. Rompa botellas contra el suelo. Insulte a la policía y vocifere una que otra blasfemia contra la religión. Llámelos a todos racistas. Corra desnudo por la calle y despierte en cama con un extraño, como ha de ser. Aunque la resaca del día siguiente le provocará mucha risa pudorosa y una increíble depresión, al menos sentirá otra cosa que miseria y abandono. Y también le dará otra perspectiva sobre el significado de la palabra diversión.

Renuévese
Es bueno que el cambio no sea solo interno. Por lo tanto, renuévese. Salga de compras hasta exceder el límite de su tarjeta. Compre ropa de colores chillones y vibrantes para que al menos en la pinta no parezca tan miserable. Vaya al salón de belleza y cámbiese el corte y el color del pelo. Si va a raparse, que es lo más recomendable en estos casos, hágalo usted mismo, en casa y llorando. Haga cinco o seis horas de gimnasio, a diario. Llorando. Hágase alguna cirugía para dejar atrás su yo anterior. Aplíquese 42 ampolletas de Botox para que no esté tan arrugado. Lea Osho o Paulo Coehlo. Tome te verde. Abrace a un árbol. Adopte un niño en el África.

Flirtee
Ya tuvo una buena dosis de drogas y rock & roll; sin embargo, falta lo otro, eso que es tan necesario. Entonces, póngase la ropa que todavía está pagando, llame a sus amigos más expertos en el campo del flirteo y salga con ellos a tomarse un trago. Algo suave para desinhibirse. Comience a buscar con los ojos eso que le hace falta, detéctelo y al ataque. La torpeza es comprensible en estos casos. Estamos oxidados. Sin embargo, en un par de salidas la cuestión será tan fácil que pronto comenzará a preguntarse por qué estaba perdiendo el tiempo en una relación sin futuro, sin magia, y sobre todo, como estará a punto de descubrir: sin picante.

Olvide
Ya ha cometido todas las locuras permitidas a un despechado. Es el momento, entonces, de detenerse y mirar hacia adentro, comprender en qué falló su relación, crecer como persona y como amante. Aprenderá que no es necesario revisar obsesivamente el celular de su pareja y mucho menos contratar detectives privados,

entenderá que la intensidad agota y que uno jamás debe alejarse de sus amigos por una relación, valorará los espacios perdidos y que ahora puede recuperar, entenderá que puede volver a ser algo más que la pareja de alguien. Y entonces olvidará.

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