LEVEL WHATEVER

Lanzar piropos
¿Quién no ha sido protagonista o al menos actor de reparto de aquellas escenas en las que, sin respetar género, edad o preferencia sexual, se disparan flechazos verbales a desprevenidos transeúntes que deleitan con su belleza en la calle? Caracterizada por su ingenio, esta práctica, en ocasiones calificada con el erradísimo adjetivo “vulgar”, es una muestra de nuestro dominio del difícil arte del cortejo de andén u oralidad sexual urbana, ese hilarante e innato talento para estar dispuesto seducir a quien sea, como sea y donde sea. “Yo sin frenos y tú con esas curvas” o “Tú de rojo y yo con este antojo” podrán hacer sonrojar a los más recatados, pero las verdaderas perlas de nuestro repertorio no son dignas de estas páginas: tan solo suenan bien al pronunciarse en las esquinas de un barrio latinoamericano.

Saberse las coreografías de moda
Bailar salsa, merengue, bachata o reggaetón ya no hace la diferencia. Está demostrado que en este mundo globalizado hasta el escandinavo más rígido puede moverse con la soltura de los que crecieron entre palmas y platanales; pero cuando en la pista de baile se escucha El meneito o La de la tanguita roja, no hay academia de baile ni un-dos frente al espejo que valga, pues solo un latino pura sangre podrá salir bien librado de tan extravagantes desafíos coreográficos como los propuestos por estos y otros hits tropicales de antaño. La lambada, el carrapichu, la mayonesa, el sua sua, el cutíviri y el inolvidable baile del perrito del siempre tan gracioso Wilfrido Vargas hacen parte de este programa. La Macarena es para principiantes.

Protestar
Sin excepción y casi por derecho, todo latino debe estar capacitado para participar en cualquier tipo de protesta, pues, siendo realistas, la injusticia, la corrupción y la desigualdad son –e, históricamente, han sido– el pan de cada día en nuestras tierras. Los cacerolazos en Argentina, las agitaciones en Bolivia, las marchas en Colombia, los reclamos en Chile, las manifestaciones en Venezuela o el coro de los latinos inconformes en cualquier rincón del planeta, hacen que nuestras arengas, paros, bloqueos, huelgas y demás expresiones de la protesta retumben con eco en las orejas del mundo, menos, quizás, en las de su propia dirigencia.

Manejar el machete
Ni el hacha, ni la motosierra, ni el cuchillo de Rambo o muchos menos el cortacéspedes podrán reemplazar a esta valiosa herramienta, por la sencilla razón de que ha perdurado intacta en el tiempo, sobrevivido al desdén de la tecnología y labrado el destino de toda Latinoamérica. Empuñado para abrir caminos, pelar monte o “peinar” la tierra, para abrir algún coco, desentrañar algún animal o cortar leña, para asustar borrachos en peleas de pueblo o, simplemente, como arma para la rural defensa, este es un artefacto multiusos que todo latino debe ser capaz de manejar. Su manual de instrucciones lo llevamos en la genética.

Pronunciar la eñe
Así como hay pocos latinos que saben cómo pronunciar caracteres como ç, ? o?, es poco probable encontrar a un sueco, a un ruso o a un chino que puedan solicitar, con éxito y sin parpadear, una Piña Colada, y no porque el coctel no sea apetecible, sino porque está atravesado por un espinoso patrimonio de Hispanoamérica: la eñe. Máximo desafío para viajeros y fonoaudiólogos, nuestra letra insignia –en ocasiones reemplazada por gn, al mejor estilo lasagna, o por ene, ojalá en palabras distintas a año, frente a la eventual ausencia de teclados para hispanos– nacería cuando aún no existía la imprenta, al unir otros dos caracteres para economizar esfuerzos en las tareas de copiado.

Creer en el horóscopo
“¿Qué signo eres?” parece ser la pregunta obligatoria. Aparece recurrentemente en primeras citas, diagnósticos de cafetería e, incluso, en entrevistas de trabajo. Como si el hecho de ser Aries, Cáncer o Sagitario tuviera algo que ver con nuestro desempeño en el amor, nuestro rendimiento en la pelota caliente o nuestra incapacidad para cumplir las metas trimestrales. Pero nada que hacer. Nadie tan fanático a la hora de administrar su existencia según la ubicación de los astros. De contradecir siglos enteros de Ciencia, desafiar las leyes del sentido común y, por supuesto, engordar los ya de por sí abultados bolsillos de personajes como Walter Supermercado. Si crees que el Horóscopo te salva, no es que estés loco: simplemente, eres latinoamericano.

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