LEVEL HOW TO

La forma en la que aborde a su jefe será fundamental. Una sonrisa, una flor en el ojal, una manzana o un peinado finamente fijado con gel nunca están de más. Así mismo, tampoco sobran unas finas atenciones. Si la madre de su jefe es adicta a la filatelía, no dude en llevar una clásica serie de estampillas; si el padre es amante de la pesca, una bolsa de gusanos para anzuelo siempre será bien recibida; si su jefe gusta del béisbol, garabatee la firma de una vieja leyenda del deporte sobre una pelota, póngala en su puesto y espere las buenas nuevas. No tardarán.
Presente propuestas
No le pida cinco minutos a su jefe para solicitarle un aumento. Pídale una o dos horas para presentarle nuevos, revolucionarios e innovadores planes corporativos para llevar el rendimiento de la empresa al máximo. Eso sí: hágale saber que en eso se le fueron seis fines de semana, asegúrese de presentar sus propuestas en Power Point, de hablar con mucha, pero mucha pasión y de utilizar el argot del medio en el que se desempeña –términos como market share, Top of Mind o WOM– para que él aprecie su know-how del business. Finalizada la reunión, deje escapar su petición como quien no quiere la cosa y prepárese para la promoción.
Vista el puesto
Cuando un soldado parte a zona de combate se lleva puesta la guerrera. Haga lo mismo y vístase con altura. Como un verdadero profesional. Bote viejos mocasines o sandalias transparentes: lleve su precio en los zapatos para hacérselo notar a los demás. Y haga lo mismo con su puesto. Adórnelo con sofisticación minimalista. Refleje su compromiso corporativo con uno que otro souvenir del último encuentro empresarial. Luego invite al jefe a su oficina para que hablen en su territorio. Encántelo con la magia de su entorno y lance la propuesta. Directo a la yugular.
Recurra a la amistad
Las cosas no van bien, pero no vale flaquear. Y menos cuando aún queda el recurso más efectivo de toda la cadena productiva en toda la historia de la humanidad: la amistad. ¿Cómo hacerlo? Sencillo: invítelo a su casa a cenar. Ahora, este paso funciona si y solo si ambos tienen pareja, pues el éxito de esta estrategia es directamente proporcional al nivel de cercanía que pueda presentarse entre B y D, donde B es su pareja y D la de su superior.
Genere lástima
El plan se va a pique. Como nada sale según lo planeado, hay que recurrir a medidas extremas: provocar compasión, lástima, pesar. Resalte su precaria situación. Ponga fotos en su escritorio de sus siete hijos flacos. Vaya al empleo con la ropa agujereada, almuerce en la cocina de la oficina, solo y directamente la olla, ojalá arroz con papa. Hable duro por teléfono, diciendo frases como “Mamá, no se preocupe, yo le hago llegar esa plata”. En su cubículo, exhiba su decoración ochentera como prueba que por falta de fondos no ha podido renovar mobiliario. Cuando el caso sea evidente, vaya directo a donde su jefe y dígale: “Le ruego que valore a mi trabajo”.
Bonus: Último recurso
Su jefe se lo buscó. Como no quiso a las buenas, tocó recurrir al más sucio de los métodos para negociar condiciones salariales: el chantaje. ¿Cómo hacerlo? Sencillo: Happy Hour. Convide a su jefe a una amistosa tarde de cocktails. Luego de unas cuantas Margaritas, invítelo a saborear el trago típico de su país. Luego, póngale el tema por última vez. Y si se niega de nuevo, saque su cámara, apunte y…
Cheers!
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