Por Daniel Páez
¿Qué sería de Latinoamérica sin el melodrama? ¿Y qué sería del melodrama sin Corín Tellado? ¿Qué será de Latinoamérica ahora que Corín Tellado murió?
Adolfo tiene una novia que permanece virgen por respeto a las tradiciones católicas. Tal vez por esa razón, él mantiene un romance con Olivia, una joven costurera que le ayuda a saciar sus apetitos más básicos. Por supuesto, esta relación es totalmente prohibida y oculta, ya que podría manchar la reputación de hombre ejemplar que ostenta Adolfo ante la sociedad. Sin planearlo, Olivia queda embarazada y da a luz a una hermosa niña. Al recibir la noticia, Adolfo, por supuesto, no quiere reconocerla, pero unos días después descubre un sentimiento hasta entonces desconocido: el amor paternal. Este hallazgo lo lleva a tomar la fatídica decisión de postergar su casamiento para poder pasar más tiempo con la bebé. Lo que él no sabe, es que el destino aún le tiene preparada una carta sin marcar, que lo obligará a enfrentarse a las consecuencias de sus mentiras…
Continuará…
Este es el argumento de Marcada para siempre, una de las 4000 novelas que dejó escritas una asturiana que nació con el nombre de María del Socorro, pero que como le decían “Socorrín”, se hizo famosa como “Corín”.
Corín Tellado.
Antes de cumplir los 20, su padre falleció, y por ser hija única se vio obligada a buscar trabajo. Por consejo de un librero de su pueblo, llevó un manuscrito a la editorial Bruguera, con tan buena suerte que en un par de semanas obtuvo su primer contrato, con un pago nada despreciable.
Corría 1946, el mundo estaba en guerra y la dictadura franquista dominaba España, donde no era muy común el hecho de que una mujer tan joven escribiera; es más, era frecuente que las mujeres ni siquiera supieran escribir. A pesar de la represión de la época, su obra debut, Atrevida apuesta, contó con una acogida unánime. Lo que ella no sabía, era que el destino le tenía preparada una sorpresa…
Bruguera la mantuvo amarrada por casi cuarenta años, exigiéndole que redactara una novela de 100 páginas cada semana. Por otra parte, la censura del régimen militar la obligaba a eliminar escenas de sexo, así como cualquier mención a problemáticas políticas o sociales. Cuando ya era una leyenda de las letras, años después de finalizada la dictadura en su país, Corín confesó que esos obstáculos en realidad le sirvieron para pulir su estilo: por imposición, sus relatos debían ser breves, debía administrar con destreza el suspenso, construir a los personajes de forma que los lectores no necesitaran miles de páginas para comprenderlos, narrar situaciones cotidianas con imágenes recurrentes sin mayor contexto, evadir la realidad ubicándose en escenarios fuera de España, valerse del erotismo y la sutileza para no entrar en materia y desarrollar diálogos contundentes.
Una técnica infalible.
Sus novelas generalmente fueron protagonizadas por mujeres ejemplares: luchadoras que salían adelante a pesar de las cartas del destino, amazonas que se abrían al mundo moderno, heroínas que sufrían los desmanes y desamores causados por hombres malvados, pero que, al final, encontraban el verdadero amor en un sensual galán. O al menos en una noche con un sensual galán. No es mentira que Corín utilizó el seudónimo Ada Miller para escribir una serie de novelillas de inocente pornografía, en las que desfogó las escenas de cama que le vetaron bajo su verdadero nombre.
Con los años, sus temáticas se fueron de los parajes bucólicos de la España rural –donde las mujeres no podían ni pensar– hacia imponentes castillos europeos donde las condesas apabullaban a los hombres débiles, hasta volver a la España de los años 80, donde las mujeres ahora se dedicaban a trabajar y no dependían de los hombres más que para ser amadas.
De ahí surge quizás la mayor paradoja de Corín Tellado: en su obra siempre aparece el verdadero amor; sin embargo, su vida sentimental no fue precisamente idílica. Aunque se casó una vez, no lo hizo más que por despecho; de manera revolucionaria para la época, se divorció siendo aún joven y se dedicó a criar a sus hijos –una de las razones de su trabajo incansable– y se desentendió del amor carnal. Corrieron miles de rumores sobre sus supuestas relaciones con diferentes hombres, pero ninguno se corroboró y hasta el final de su vida únicamente confirmó que estuvo enamorada de un hombre casado y que nunca pasó a mayores. Si hasta ahí llegan sus amoríos, ¿entonces de dónde sacó cuatro mil historias de amor?
Será porque no todo es color de rosa en la literatura rosa: los puristas de la crítica la odiaban y la acusaron de cursi, moralista, simplista, estereotipada y predecible; incluso algunos insinuaron que no era una persona, sino una industria en la que un ejército de redactores –probablemente chimpancés alimentados con Purina– pasaba 24 horas escribiendo. Otros más agresivos le cambiaron el nombre por “Culín Tallado” o “Corán Tullido” –incluyendo al que fue su primer corrector de pruebas, el legendario escritor Guillermo Cabrera Infante–. De seguro, lo que más les dolía a sus detractores era que ninguno de ellos tuvo tantos seguidores, ni pasó por la vida sin leer alguna de las historias creadas por esta mujer maravilla. La envidia mata.
Para consuelo de las editoriales y de las finanzas de la escritora vilipendiada, sus seguidores la amaban: en 63 años de carrera, Corín Tellado vendió más de 400 millones de ejemplares, sin contar con que Vanidades duplicó sus ventas una vez empezó a publicar sus relatos breves ni con todas las adaptaciones que se le hizo a su obra para la realización de telenovelas, películas y miniseries. Después de Miguel de Cervantes, Corín Tellado es el nombre más vendido de las letras hispanas.
Cantidad no es calidad, eso hay que admitirlo. Y ella misma era conciente de que sus obras no conformaban precisamente la literatura más sublime. No obstante, su talento es innegable. Corín Tellado es un género en sí misma: el melodrama, los amores difíciles y los finales felices pueden ser obvios, pero siempre tendrán un lugar –si no fuera así, Slumdog Millionaire no hubiera sido un éxito–. Y la influencia que tuvo en la cultura hispana es única: en todo el continente las telenovelas son el momento más esperado del día. Y las telenovelas no serían lo que son sin las situaciones y personajes que inventó una mujer como ninguna, que cerró sus ojos para siempre, a los 82 años, en abril pasado.
Una rosa rosada para su tumba.
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