LEVEL JA

Por Daniel Páez
Hay borrachos de borrachos, pero borrachos como estos no pueden faltar en ninguna borrachera. ¿Es usted un alcohólico o simplemente un borracho? Amanecerá y beberemos.
Homero Simpson define al licor como la causa y la solución de todos los problemas. Y es sabio: además de que cualquier motivo es válido para beber, los buenos momentos de fiesta se contrastan con los finales tristes al amanecer. Golpes y heridas peligrosas, lagunas mentales, vómitos repugnantes, romances furtivos con personas indeseables, resacas mortales o despertares en estaciones de policía, son imágenes comunes en las fiestas más grandiosas y cobijan a todas las clases sociales alrededor del planeta.Eso es beodocracia: a los borrachitos se les justifica todo y hasta se dice que Dios los cuida, mientras los que no beben mucho son víctimas de seres apestosos a trago que los han obligado a salir corriendo incluso de sus propias parrandas.
El Síndrome de Korsakoff explica muchos de estos problemas: el consumo de licor extingue las reservas de vitamina B del cerebro y, así, conduce a comportamientos incoherentes y, claro, a seguir bebiendo. Al final, la pérdida de la memoria es el síntoma más notorio de un conflicto psicológico que se extiende en la duda de qué tan grave fue lo que se hizo o dijo durante el lapso desaparecido.
Entre esos comportamientos hay algunos populares, sobre todo en sibaritas que pueden pasar de un estado al otro con apenas una cerveza. A continuación, una breve lista que, de repente, pondrá en duda las palabras de aquellos que afirman, con certeza, no ser alcohólicos solo porque no van a terapias de grupo. Lamentablemente, se quedan por fuera los que siempre van de gorra, la categoría Del crepúsculo al amanecer –aquellos que, de alguna manera, logran sobrevivir a días enteros de rumba– y los que se emborrachan con apenas destapar una botella de alcohol.
1. Peleador sin leyAunque este fenómeno se presenta más entre los hombres, son frecuentes las mujeres que pasan de Cenicienta a Van Damme con una copa. El Napoleón que todos llevamos dentro sale a flote sin razones reales –lo que, de paso, hace dudar sobre las cualidades alucinógenas del licor–, haciendo que surjan agresivos debates o, lo más frecuente, que un simple tropezón con el borracho menos indicado desemboque en una batalla digna de Karate Kid. Lo aprendido del señor Miyagi se aplica con torpeza y, por suerte, el adormecimiento de los sentidos no permite que los daños –a las propiedades y a las personas– sean mayores. Un personaje memorable en esta clasificación es Begbie, el bigotón cervecero y buscapleitos de Trainspotting.
2. Cristóbal Colón
Es un viejo cliché decir que los ebrios encuentran belleza donde no la ven en sano juicio, pero tiene una explicación científica: con el trago llega un impulso que altera la libido y convierte al más introvertido nerd en un borracho Casanova. Sin excepción, un borrachín jamás se lleva el premio gordo –a menos, por supuesto, que sea este la gordita a la que nadie más le presta atención–. El caso de las mujeres es más peligroso: la lascivia femenina se altera aún más que la masculina con el licor y hace a las chicas más susceptibles a rendirse ante los encantos de Don Juan Borracho, cuando no son ellas mismas las que se ponen en la tarea de pescar su propio tesoro, besuqueándose, en una misma noche, con dos o tres pelagatos. Para acentuar el aire de fiesta, el popular “Grillero” de Proyecto Uno sirve como himno para estos lujuriosos: porque “no hay mujeres feas: hay poco alcohol”.
3. Boys don’t cry“Eres mi mejor amigo” es la frase inicial de una perorata que, inevitablemente, traerá lágrimas. Después de escuchar secretos que nos ponen a dudar si queríamos saber tanto, nos dicen “te lo cuento porque te tengo mucha confianza”; lo malo es que, por lo general, el de los secretos es un completo desconocido. A veces sucede que, además, el llorón es un mentiroso compulsivo que asesina el estereotipo de “a los niños y a los borrachos hay que creerles todo”. En otras ocasiones, las plañideras son más afortunadas y dan con una horda de confesores dispuestos a chillar en coro y a ventilar sus propias desgracias, pañuelo en mano, convirtiendo la fiesta en el velorio de un muerto imaginario. Y ni hablar de cuando la fiesta es un encuentro de viejas conocidas: las enemigas más radicales se abrazan y desahogan toda la noche para volver a odiarse al amanecer, con el rimel haciendo pinceladas expresionistas en sus pómulos. Entre más deprimente sea la música de fondo, más lágrimas correrán; pero cuando se trata de melancolía, hasta “Soy un hombre divertido”, de Wilfrido Vargas, puede traer recuerdos lacrimógenos.
4. El rey de la fiesta
Aquí pueden confluir muchos de los borrachos mencionados atrás: bravucones que gritan insultos a nadie en particular, llorones que hacen espectáculo o galanes que se pavonean guiñándole el ojo a todas las doncellas. Pero hay unos que beben especialmente para ganarse la atención que los sobrios jamás tendrán: como si se tratara de una stand-up comedy, todas las miradas y las risas deben estar centradas en estos beodos. Otros, se inmiscuyen en cuanta conversación existe, opinando de lo divino y lo humano para que nadie pueda hacer más que escucharlos, así lo que digan no tenga el menor sentido. Perdiendo cualquier asomo de vergüenza, unos bailan creyéndose Billy Elliot cuando no llegan ni a Cantinflas. Garganta de lata, el cliente fiel del bar El Tufo de Condorito, es uno de los más famosos de Latinoamérica en esta categoría: borrachos que no son conscientes de su absoluta falta de humor, talento, conocimiento y gracia, pero que ahí siguen en el centro del salón, aburriendo a los demás con su somnoliento show.
5. A dormir
En esta categoría desembocan, tarde o temprano, todos los borrachos –incluyendo a los anteriores–: cuando el torrente alcohólico ha desechado hasta el último vestigio de sangre de las venas, es natural caer fundido sin importar la comodidad de la cama o, siquiera, que el sitio para dormir sea una cama. Aceras, inodoros, taxis y, por supuesto, bares, han visto a toda clase de no-tan-bellas durmientes. Los más afortunados, despiertan con terribles dolores de cuello, pero la lista de desgracias para los dormilones –sobre todo para los que se duermen después de 5 cervezas– es extensa: desde ser víctimas de las bromas de los amigos –depilación de cejas, fotos en poses extraordinarias o cambios completos de vestuario– hasta fatales accidentes automovilísticos o, lo más vergonzoso, despertarse desnudo y abrazado a la más fea –o, más preocupante, al más feo– de la fiesta. Una buena banda sonora es “The Morning After”, la canción de Faith No More, en la que un ebrio despierta dudando si acaba de nacer o de morir, o incluso el video de “We are your friends”, del dúo francés Justice.
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