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El oído que abre otras puertas
Superando los clichés del sabor, un neoyorquino de ascendencia boricua fue el encargado de difundir la música alternativa de Latinoamérica en los Estados Unidos. Esta es la nación de Tomas Cookman.
Con un crecimiento paulatino desde los años 80, el rock realizado al sur del Río Grande fue ganando terreno en los Estados Unidos, desprendido de la comunidad hispana gracias a bandas como Soda Stereo. Pero fueron los 90 los que vieron nacer a músicos que, a pesar de cantar en español, podían hacer parte de la programación de cualquier emisora del planeta, recibiendo elogios de revistas como Rolling Stone y Spin, vendiendo varios miles de copias —aún no millones— y consiguiendo giras nada despreciables.
Hay nombres que habitan a la sombra de esas figuras, que apenas se leen en el booklet de un disco que todos amamos pero que, así pocos lo sepamos, son los responsables de toda la gloria y el reconocimiento del movimiento. Entre ellos, Tomas Cookman, quien empezó como manager de algunos de esos artistas y, en su afán de difundir una nueva escena, creó la Latin American Music Conference —más conocida por su sigla LAMC—: un encuentro que algunos definen como el Sundance del rock en español.
“El primer año nos costó que entendieran el concepto que traíamos, que creyeran que teníamos un show gratis en el parque más grande del mundo”, confiesa Cookman después de diez años al frente de un encuentro que hoy se celebra en su natal Nueva York, con réplicas en ciudades como Los Angeles y el D.F.. “Este es un evento que debe existir para apoyar propuestas que te dejan con ganas de hacer cosas más grandes”. Y por eso mismo, quizás, creó a Nacional Records, una disquera joven con más fuerza que muchas de las que llevan años en la industria. Un sello que, en sus palabras “tiró el libro de reglas por la ventana, en el que lo importante es ser honestos e inteligentes para que, tanto los artistas como su sello, ganen lo justo”.
Hablamos con Tomas Cookman y sus revelaciones dejan el sabor de que, efectivamente, aún hay mucho por hacer en el universo de la música latina: crecer, grabar y trabajar por y para “esos artistas increíbles” que pueblan el continente.
¿Cómo ha sido la experiencia de manejar a leyendas como Los Fabulosos Cadillacs y Manu Chao?
Son diferentes pero, al final del día, sientes orgullo cuando ese artista sale y toca frente a miles de personas. Sientes que eres parte de eso. Solo pensarlo me pone la piel de gallina. También lo siento con Plastilina Mosh, Nortec Collective, Aterciopelados y las nuevas bandas con las que estoy trabajando.
¿En qué momento surgió la idea de fundar Nacional Records?
Siendo manager, tuve la oportunidad de trabajar con muchos sellos en muchos países. Eso me permitió ver de cerca —sin estar adentro— de qué se trataban las disqueras. En USA, sentí que al mercado le faltaba un sello que le apuntara a otra cosa. Y de allí salió la idea. Algo que me ayudo fue que en ese momento tanto Aterciopelados como Nortec estaban finalizando sus respectivos contratos, por lo que esas fueron las dos primeras firmas del sello. Dos firmas que hoy en día disfrutan del éxito en varios rincones del mundo. Se puede decir que arrancamos bien y con estilo.
¿Por qué decidió apostarle al mercado en USA?
Acá es donde vivo. Además, yo quería mostrar que la música latina no solo era Gloria Estefan o la salsa —que en lo personal me gusta mucho— o lo regional mexicano… Quería mostrar que había bandas de rock que eran increíbles, que había música electrónica hecha por latinos que estaba a la par de todo lo que salía de París, Londres o Nueva York. Me gusta pensar que lo estamos logrando.
¿Ustedes buscan a los artistas o ellos los buscan a ustedes?
Es una combinación de las dos. Siendo manager de artistas conocidos, siempre me ha llegado mucha música, muchos demos. Y con el LAMC nos llegan aún más. Encima de todo, soy un fan de la música, siempre estoy buscando algo nuevo. Soy coleccionista de vinilos, de CD’s, de libros de música…
¿Cuál es su criterio de selección?
Al final del día, que me guste, que sienta que tiene relación con la visión de Nacional Records. Esto va mucho más allá de un sonido o mensaje: es más un sentimiento.
¿Cómo consiguieron que artistas que venían de trabajar con major labels se unieran a Nacional?
La industria ha cambiado mucho y, por eso, no siempre es necesario estar con una transnacional —más cuando ser como Shakira o Luis Fonsi no es lo tuyo—. Lo lindo de estos cambios es que hay lugar para todos. Si quieres ser una gran estrella pop, estar en un sello grande es lo mas lógico.
¿Cómo los ha recibido el público y la radio?
Por suerte, bien. En poco tiempo, hemos logrado ser un sello con identidad. Me da gusto cuando veo gente con la camiseta de Nacional Records puesta. Una vez en un viaje a Nueva York vi a alguien con ella en el subte, me presenté y le dije “¡Gracias!”. Con la radio es interesante: ¡en Estados Unidos nos apoyan más las radios en inglés que las latinas!
¿Qué les ofrece Nacional a los artistas frente a otros sellos?
En cada país se puede contestar esto de manera diferente; sin embargo, como estoy sentado en mi dormitorio en North Hollywood, te puedo decir con certeza que Nacional Records es el único sello en este país que le está apostando a este tipo de música. Lo hacemos con un conocimiento del mercado, con cariño y con gusto.
¿Cómo ven desde Nacional el mercado discográfico actual?
Es más fácil ahora. No es sólo una cuestión de dinero. Antes, para tener tus discos en primera fila en Tower Records o en el Virgin Megastore, tenías que pagar —es como “alquilar” esa posición, lo cual pasa también en los supermercados—, pero en Internet las reglas cambian. Servicios como iTunes o eMusic no te venden un cartel en su primera página: ellos eligen lo que sienten que a sus clientes les gustaría ver. ¡Por fin la calidad tiene una oportunidad de combatir contra lo puramente comercial! Si un sello hoy en día tiene sus ventas digitales al 50%, la industria dice “¡Wow! Qué sello tan moderno”. Pero lo que no hay que olvidar es que, mientras tanto, y hasta que el cambio se haga en su totalidad, todavía existe la otra mitad que no hay que descuidar.
¿Qué ha sido lo más positivo y lo más negativo de esta etapa?
En los días de éxito y en los difíciles, la experiencia ha sido un placer. Lo positivo es ver que hay gente que no solo es fan de nuestros artistas, sino del sello como tal. Yo siempre fui fan de sellos como Def Jam, Sub Pop, Fuentes, Fania, IRS: sellos con identidad. Que haya gente que ve a Nacional como algo interesante me produce mucho orgullo. Lo negativo es firmar a un artista increíble y no entender por qué el mundo no siente lo mismo que uno por ellos. Es como si alguien te dice que uno de tus hijos es feo (pero más feo eres tú por no tener la cabeza para entender… ¡ja, ja, ja!)
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Plastilina Mosh, All U Need is Mosh Señor Coconut, Around the World Aterciopelados, Río |
La carátula del disco es un graffiti hecho con pintura de agua que representa a una anaconda —madre de la humanidad según las tradiciones amazónicas—, pero también es una metáfora de la reconciliación con el contaminado río Bogotá. Cuando el Río suena… Eric Bobo, Meeting of the Minds Nortec Collective Presents: Bostich & Fussible, Tijuana Sound Machine |










