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De: Hugo
Para: Barack
Por Juan Masullo

En la V Cumbre de las Américas, celebrada en medio de una gran expectativa en abril pasado en Trinidad y Tobago, se vieron las caras Chávez y Obama. El primero le regaló un libro al segundo. Y de paso se lo regaló al mundo.

El primero es el abanderado del nuevo sueño bolivariano. El segundo, del americano. Aunque no comparten las mismas fantasías ni mucho menos similares esperanzas, se encuentran, se sonríen, se dan un apretón de manos.

Hay una tensión histórica en el ambiente.

Los fotógrafos hacen clic en sus cámaras.

El primero lleva un pequeño libro. Es un regalo para el segundo. Se lo entrega. El otro lo recibe y enseguida mira hacia una cámara con expresión amistosa, mostrando a los que estamos del otro lado la carátula de la obra.

Estamos intrigados.

Hasta ese momento, el contenido del libro que Chávez le obsequiaba a su homólogo había sido un secreto de unos pocos jóvenes inquietos, rebeldes en formación e intelectuales de barba, de esos que se comparten de noche en noche y en voz baja en tertulias bohemias y muy poco en las aulas.

Hasta ese momento.

Una vez Chávez le entregó ese ejemplar a su homólogo norteamericano, fue como haberle susurrado un secreto en público, un literal secreto de Estado, para despertar la curiosidad de los demás mortales. Dos días más tarde, Las venas abiertas de América Latina, un ensayo del uruguayo Eduardo Galeano, originalmente publicado en 1971, había pasado del puesto 60.273 al número dos en la lista de los libros mejor vendidos de Amazon.

En cuestión de horas, el mandatario venezolano había puesto en manos de miles de personas el libro más antiyanqui jamás publicado.

Acerca del documento, Andrés Oppenheimer, del Miami Herald, diría que es una diatriba con un tema subyacente: “la pobreza latinoamericana creada por el imperialismo de los Estados Unidos”; Scott Wilson, del Washington Post, que “es una exploración de la historia de la colonización europea de América Latina y de lo que Galeano considera la malvada influencia política y económica que los Estados Unidos han ejercido en la región en décadas recientes”; mientras que Marcel Niedergang, de Le Monde, considera que las páginas del uruguayo son “una contribución muy importante a la compresión del pasado que alimenta un presente ambiguo e incierto”.

Y todos tienen razón.

La verdad es que la historia de la región tiene capítulos de escalofriante oscuridad. Vacíos históricos que no llenan los libros de secundaria, ni los himnos, ni mucho menos la misma historia oficial. Y es ahí, precisamente, donde el autor pone la pluma para hablar en voz alta.

Y sin vacilar.

Así las cosas, es fácil preguntarse si, al realizar el gesto, Chávez pretendió presentar un memorial de agravios o si, más bien, confiando en los vientos de esperanza y cambio que trae la nueva administración estadounidense, quiso extenderle a su homólogo Barack una invitación a volver sobre un pasado que es también una lección.

La pregunta sigue abierta y un buen comienzo para llegar a una posible respuesta está en leer el libro en cuestión. Un trabajo al que Galeano dedicó cuatro años de investigación y noventa noches de escritura. Un documento que, en tiempos de recias dictaduras, fue censurado en Argentina, Uruguay y Chile, y que por lo mismo le significó el exilio. Un destierro que, sin embargo, no impidió que siguiera adelante, rechazando desde su trinchera el sometimiento y la humillación, el abuso de poder y la injusticia, la desigualdad y la explotación.

Aparte de Las venas, Galeano tiene más de 20 títulos publicados, casi todos sobre la misma obsesión. Y es que, como él mismo diría, “Soy un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entrañable”.

Tierra de abundancia. Pero también tierra de hambre.

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