Por Nicolas Vallejo-Cano.
Nacio en 1958. Creció en las entrañas de uno de los monstruos más salvajes del continente: Ciudad de México. Más exactamente, en La Unidad Modelo, una especie de “project” manito: una cabronsísima selva de cemento.
Allí, recibió puños. Patadas. Uno que otro batazo de béisbol.
Allí, saboreó el asfalto varias veces. Perdió el miedo.
Desde muy chico la tuvo clara: quería escribir, actuar y dirigir. Estudió Ciencias de la Comunicación y la Maestría en Historia en la Universidad Iberoamericana –donde luego sería maestro–, publicó dos novelas –Escuadrón Guillotina (1991) y Un dulce olor a muerte (1994)–, y luego conoció al director Alejandro González Iñárritu, con quien cosechó una relación profunda que daría su primer gran fruto en el 2000, con Amores Perros.
Tal vez, la película más exitosa en la historia del cine en México.
Luego, vino Hollywood. 21 Gramos (2003) y Babel (2006). Él escribía. Su amigo dirigía. Juntos, conformarían uno de los dúos más célebres del cine reciente. (En medio de todo esto también conoció a Tommy Lee Jones, con quien haría Los tres entierros de Melquiades Estrada (2005): una obra impecable que le valdría un Cannes por Mejor Guión).
Terminada Babel y completada así la llamada Trilogía de la Muerte, decidió romper su relación con González Iñárritu para dirigir sus propios proyectos, el primero de los cuales estrena en septiembre: The Burning Plain. Un drama de proporciones épicas protagonizadopor Charlize Theron y Kim Basinger.
Este es Guillermo Arriaga: uno de los más brillantes contadores de historias de Latinoamérica.
¿Por qué contar historias?
Porque creo que cuando los hombres “ficcionalizamos” la realidad es más fácil entenderla. Creo que, desde las épocas más remotas, los seres humanos siempre hemos tenido la necesidad de contar historias, porque a través de las historias nos vemos mejor a nosotros mismos. Yo en lo personal las cuento porque si no lo hago, se me quedan en la garganta, me oxidan y me envenenan. Desde niño, tengo la necesidad compulsiva de contar historias.
De guionista a director. ¿Qué tal sentiste el salto?
Pocas veces en mi vida me he sentido en un proceso tan disfrutable como dirigiendo una película. Hasta el último segundo, fue un momento de total disfrute y placer. El haberla escrito yo me facilitó muchísimo las cosas porque ya la tenía en lacabeza, tenía claro como tenían que ser los paisajes –y no solo los naturales, sino los humanos–, qué tipo de rostros quería, qué tipo de actuación necesitaba… Todo eso me ayudó mucho.
O sea que fue un paso natural…
Sí, creo que es un paso natural. Decía John Huston que el paso natural de todo bescritor de cine es dirigir. Él empezó a los 40 años con El Halcón Maltés. Yo lo hice a los 49.
¿Cuál dirías que es el tema central de tu nueva película?
The Burning Plain sigue, por lo menos temáticamente, con las mismas preocupaciones vitales que he tenido a lo largo de toda mi obra. Me refiero al peso de los vivos sobre los muertos. Me refiero a la fuerza paradójica de amor, que lo mismo te permite redimirte que destruirte. Hablo de gente que está alienada y busca su propia identidad. Hablo de personajes que tienen la capacidad de ir a los extremos más oscuros de la vida y después regresan con la esperanza de encontrar la redención. Esos son los temas fundamentales de esta película, como lo han sido a través de toda mi obra; sin embargo, sí sientoque esta vez se sintetizan de manera más clara y precisa.
¿Cuál es tu principal obsesión como escritor y cineasta?
Me interesa de sobremanera entender el amor en todas sus manifestaciones. No solamente el amor de pareja, sino también el amor de madre, el amor de hermanos, el amor de amigos… Siempre he tenido esa fijación, de lo que significa crearme y recrearme a través del otro que es distinto a mi.
A través de tu obra te has adentrado en las profundidades del alma humana. ¿Eres optimista? ¿Tienes esperanza en el hombre?
Absolutamente. Tengo esperanza. Soy un optimista compulsivo. Mis películas y libros son muy optimistas porque creo que, al final, la capacidad de amor, entendimiento, diálogo, afectación, tolerancia y respeto existen. Hemos creado una civilización sumamente avanzada, lo que necesitamos ahorita es reconsiderar esta civilización para volver a los pilares de lo que hemos construido entre todos.
También hay mucha soledad en tus películas…
Yo creo que sí son películas sobre personajes que se encuentran solitarios porque fueron a los extremos, a los abismos. Personajes que, cuando regresan, regresan solos. Y regresan a entender que es en el otro, en el amor, en la aceptación, en la amistad, donde pueden encontrar la más profunda posibilidad de ser ellos mismos, de encontrarse y de redimirse.
¿En qué otros autores haz podido encontrar esa visión del amor que de repente te hayan servido como inspiración?
Yo creo que en Juan Rulfo, William Faulkner, García Márquez, Hernando Téllez. Esos son fundamentales. Incluso en pintores como Edward Hopper y hasta en alguien tan oscuro como Francis Bacon. Ahí puedes encontrar todo esto.
Hablando de Rulfo, el nombre de tu nueva película, The Burning Plain, traduce “El llano en llamas”, que también es el título de la popular selección de cuentos –y de un hermoso cuento– suyo. ¿Tienen alguna relación?
Fue una coincidencia. Yo no estaba conciente de que así se llamaba El llano en llamas en inglés. Pero fue una coincidencia feliz, porque tengo una gran admiración por la obra de Juan Rulfo…
De alguna manera tus historias tienen un poco de esos paisajes desolados muy propios de él, ¿no?
Pues me honra que me digas eso. Rulfo no es un escritor menor y eso me alegra. Ha sido una gran influencia.
En tus historias también problematizas el tiempo. A través de la estructura narrativa, lo reconstruyes. Lo fragmentas. Lo retuerces. Lo cuestionas. ¿Estás, de cierta manera, rebelándote contra la tiranía del tiempo y su carácter lineal?
Yo creo que la forma en que los seres humanos recibimos el tiempo nunca es de manera lineal. El tiempo ciertamente avanza de forma lineal, pero como se expresa ennosotros es de manerafragmentada. En esta misma entrevista, vamos de un lugar a otro. Nosotros fragmentamos el tiempo porque así lo leemos, y cuando contamos una historia en nuestra vida cotidiana, nunca la contamos de manera lineal. Entonces lo que yo he querido rescatar ha sido esa forma natural que tenemos los seres humanos de contar historias, porque, precisamente, me parece poco natural contarlas de manera lineal.
¿A la hora de presentar estas historias con estructuras narrativas no tradicionales al público general, no haz enfrentado muchos problemas?
Claro. Pero hay que tener en cuenta dos cosas: primero, que el público es más inteligente y sofisticado de lo que uno cree, ya está acostumbrado a las computadoras y a Internet, donde brincas de un lugar a otro sin ninguna coherencia; segundo, no hay que olvidar que el cine tiene solo 100 años de vida y que apenas está encontrando su propio lenguaje.
Estás de pelea con el término “guionista”: ¿por qué? ¿Crees ben el guión –o en la “novela para cine”, como tú la llamas– como una especie de género literario?
Lo que pasa es que la palabra “guión” significa “guía”. Entonces se supone que tú estás haciendo una “guía”, y no. Yo creo que hacer una obra para cine es crear, es crear una obra sólida. Nunca se dice de alguien que escribe para teatro que está haciendo una
“guía”. ¡Está haciendo una obra de teatro! Y al que está haciendo una obra de teatro no se le cuestiona si está haciendo literatura o no. Me parece que eso denuesta el trabajo de nosotros los escritores de cine.
Entonces, ¿te sientes más cómodo con el término inglés“screenplay”?
Sí claro, me siento más cómodo con esa palabra. Porque es unaobra para cine.
Sueles ser recurrente con el tema de la cacería. Siempre hablas mucho de ella. ¿Por qué?
Yo creo que el cristal a través del cuál siempre he mirado la vida ha sido la cacería. En el caso de mis historias, mis personajes se comportan como cazadores.
Invariablemente, todos siempre buscan, acechan…
Y en tú caso, ¿qué es lo quebuscas y acechas?
Yo lo que busco es, fundamentalmente, entablar un diálogo con ese ser invisible que es el público, sin que esto signifique de ninguna manera que quiera hacer una concesión con él. Pero sí es importante ser medido y entablar ese diálogo. En lo personal, me gusta conmover y que la gente se cuestione y que la obra provoque y que menace. Eso es importante en mi trabajo.
“Puede ser que yo haya salido de la calle, pero la calle no ha salido de mi” es una frase que se te puede atribuir. ¿De qué manera se relaciona esa afirmación con tu trabajo?
Yo, por fortuna, crecí en una colonia muy interesante, donde sucedían muchas cosas y la vida se manifestaba de manera cruda. A mi me marcó estar en la calle. Me dio experiencias de vida que he podido reflejar en mi trabajo.
A propósito de la calle, durante tu juventud perdiste el sentido del olfato a causa de una pelea callejera…
No fue una pelea. Fueron decenas. No se pierde el olfato en una sola. Se pierde cuando quedas con el tabique hecho pedazos por varias
¿Qué olor echas de menos?
Todos. Como perdí la capacidad de oler, perdí una forma de comunicarme con el mundo. Afortunadamente, el sentido del gusto ha sustituido de manera agresiva esa falta de olfato y a veces yo puedo oler con la lengua. Como las víboras.
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