Por: Lula Bellebulle

Supere el syndrome Sex & the City

Usted es una digna representante del siglo XXI. Se levanta a las 5 a.m. para ir al gimnasio. Desayuna leche deslactosada y frutas orgánicas. En su oficina, atiende llamadas de todas partes del mundo, cumple reuniones con altos ejecutivos durante una extenuante jornada. Al final de la tarde, se encuentra con sus amigas para relajarse un poco, tomarse un Cosmopolitan, actualizarse, y si tiene suerte, conocer un guapetón que la sacará de su soltería. Curiosamente, cada hombre que la aborda tiene un pero irrefutable. Su bigote no hace juego con su corbata. Ser paseador de perros no es un trabajo respetable. Es tan perfecto que debe ser Gay. Si nadie es lo suficientemente bueno para usted, usted es el problema, por lo que es hora de redefinir sus prioridades. Entiéndalo de una buena vez: EL HOMBRE PERFECTO NO EXISTE. Si sigue encontrando razones para declinar invitaciones, vaya resignándose a una larga vida acompañada por sus gatos.

No entregue todo de primerazo

Ok. Por fin supero el síndrome y consiguió algo parecido a un macho. Sin embargo, no cante victoria. Si no resiste seguir siendo la única soltera de su generación, es hora de empezar a actuar como una recatada señorita de antaño. Hoy día, loshombres buscan una mujer digna. Digna de mostrar, digna de su apellido, digna de presentar sin miedo a que sus amigos la conozcan de noches pasadas. Tranquila, no es tan difícil: nada de besos en la primera cita; en la segunda, solo abrazos; en la tercera, un besito; en la cuarta, otro, pero francés; y ya de la quinta en adelante, todo vale, eso sí, menos eso. Para hacer eso, espere hasta el matrimonio. Y si el macho insiste en pedir más de lo que usted está dispuesta a dar, recuerde las enseñanzas de su abuela: los hombres, como los buenos guisos, se calientan a fuego lento.

Reevalúe el paso anterior

Mmm ok. Evalúe eso de esperar hasta el matrimonio, que por lo visto la estrategia no está funcionando. Entréguelo todo pero entréguelo bien. Como dicen vulgarmente: Sea una dama en la mesa y una en la cama. Esa, tristemente, es la única manera de garantizar que su pareja se enamore tan apasionadamente de usted que le pedirá matrimonio de inmediato. Ahora, lo difícil: lograrlo. Si quiere convertirse en el primer caso certificado de mujer perfecta –o sea, en el perfecto mix entre dama y prostituta– debe cumplir los siguientes requisitos: caerle bien a todos sus amigos. Ser aceptada, sin reservas, por su madre. No le debe importar que él quiera pasar una noche de chicos. Usted nunca debe querer una noche de chicas. Debe hacer lo que a él se le de la gana. Debe vestirse de la forma que a él le parezca. No habrá tal cosa como la palabra NO y menos en la cama. Cederá ante sus peticiones sexuales por más aberrantes que sean. Si está dispuesta a tanto sacrificio, felicitaciones: pronto, el brillo adornarásu falange.

Conserve la calma

Por supuesto, lo anterior le quedó grande. Entonces, de nuevo, se encuentra sola como siempre y lo peor: lejos del altar. La angustia la invade. Ya no va a poder cumplir su sueño de tener un hogar. Se aleja la esperanza de ser madre. Ha pensado en adoptar, en recibir la semillita de su amigo gay, en llamar a su ex. Sale todas las noches a buscar a su galán. Lo intenta atrapar al otro día en el gimnasio, en la oficina, en la calle. Cada hombre es un potencial esposo. Cada momento, un momento clave. Se esfuerza, entonces, por –¡PARE!–: la clave está en no darle continuidad al desespero. En conservar la calma. Siga el curso natural de la solteras normales. Acose a los amigos de sus amigas. Abra un perfil en un portal como Meetsingles. Guíñele el ojo a este y a aquel de vez en cuando. Use escotes pronunciados. Saque el perro al parque. Sáquelo otra vez.

Busque en pubs

Maldita sea. Nada parece estar dando resultado. ¿Qué hacer? Muy fácil. Primero, ya sabe, conservar la calma. Y segundo, atenerse a este manual. Ponga atención a este paso. Chicos de todas las nacionalidades suelen visitar  pubs o sport bars para ver los respectivos partidos de sus selecciones de fútbol, de rugby o de algo. Entonces, si además de marido también le gustaría pescar un pasaporte que le evite las limitaciones de su nacionalidad, estos son los lugares para buscar. Si no habla el idioma de su presa, hágase entender con el lenguaje universal. Y no hablamos del inglés: hablamos del amor. Ahora,
lamentablemente, esto no es un secreto y la competencia es fuerte. Golddiggers, Exotísimas mulatas y otras solteronas de su misma calaña estarán en la línea de ataque, por lo que seguro recibirá arañazos, botellazos y hasta palazos de billar. Pero no se amilane. Mantenga el ojo en el objetivo y adelante.

Ponga a San Antonio de cabeza

Si a estas alturas ya está agotando todas las posibilidades para encontrar a su significant other, entonces recurra a la superstición. Y al banco. Compre un pasaje con destino a México, viaje a Morelia y diríjase al famoso Rincón de las Solteronas. Un museo especial donde encontrará 484 figuras de San Antonio de cabeza, el santo patrón de las solteronas como usted, y las instrucciones pertinentes para que le haga su milagro. La suya se sumará a las 18.500 peticiones que, en once años de existencia, se le han hecho en este lugar a esta curiosa y arrevesada figura religiosa, entonces tenga paciencia mientras le llega su turno. Para mejores resultados, póngase usted misma patas arriba como el santo, y recite esta oración: "Oh Glorioso San Antonio, santo de mujeres: no te estés haciendo pato y consígueme un marido, aunque te tardes un rato”.

Embarácese

Técnica ruin pero efectiva, el embarazo es una forma fácil de cortar camino hacia el altar. Hacerlo es tan simple que nos evitaremos las instrucciones.

Recurra al ex

Si ya ha agotado todas las opciones, llegó el momento de hacer eso que nunca había querido: llamar a ese ex novio que se moría de amor por usted. Ese romance universitario que le hacía las tareas. Ese mismo que desechó porque la vida era corta y no había tiempo que perder. Tal vez ese humilde hombrecillo aún la quiera y la acepte después del ultraje y la humillación que usted le propinó cuando lo dejó, seguramente por otro que luego la dejó a usted. Dígale que recapacitó durante estos años y que se dio cuenta de que él es mejor hombre del mundo. Si por cosas de la vida él ya tiene a otra mujer, entonces empiece a elaborar un discurso de por qué no cree en el matrimonio. De que la independencia es su mayor logro. Tal vez hasta usted misma se lo crea.

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