LEVEL GUIDE
Por: Lula BullebulleUna primera cita es el escenario perfecto para que todo lo que pueda salir mal, salga desastrosamente peor. A continuación, una guía para sobrellevar aquellas situaciones incómodas con honor.
¿Torpeza?
Los nervios del primer encuentro pueden jugarnos malas pasadas y son varias las faltas que se pueden cometer. En ocasiones, la visión periférica falla y un golpe o una caída, naturalmente, pueden suceder. La mejor manera de sobrellevar esto es con humor. Burlarse de la torpeza propia puede servir para romper el hielo; además, reírse de uno mismo es una señal de autoconfianza. Mientras el dolor no sea insoportable, no se queje: la risa lo cura –casi– todo.
Problemas de humor
En estos casos, el humor puede hacer poco por aliviar la vergüenza, sobre todo cuando el problema es, precisamente, de humores. Si la velada se pone gaseosa es preferible abandonar la escena temporalmente sin tener que dar muchas explicaciones. Si en efecto –o más bien, por defecto– se ha hecho demasiado tarde y no hay nadie a quien culpar alrededor, hay que recurrir a la confesión. La honestidad es un valor superior a la digestión.
¿Dolor de pancita?
La anterior situación es un pedazo de ponqué en comparación a esta: cuando el estómago se rebela. En caso de indigestión severa, se vale salir corriendo. Se vale no volver. Se vale inventar mentiras piadosas como una urgencia que no dio espera, una abuela moribunda o un ataque terrorista, con tal de evadir el bochornoso instante en el que la realidad se manifiesta, inevitable, en una urgencia fisiológica que nos deforma hasta la más agónica ridiculez. Si hay indigestión: a correr.
Problemas de liquidez
Hasta el momento la cita ha sido un éxito. La charla fluyó, la comida resultó exquisita y la atracción fue inmediata; sin embargo, al momento de pagar la cuenta un cortocircuito altera la perfección. Él es del siglo XXI. Ella no. Él olvidó su billetera. Ella quiere invitar y él no la deja. Él exige que dividan la cuenta en dos. En fin. Una forma práctica de evitarse esto, sin importar si se es hombre o mujer, es tomar la cuenta de inmediato y decir: “La próxima pagas tú”. Y que siga la función.
Encuentros indeseados
Hay encuentros que pueden convertir una perfecta primera cita en una pesadilla. El rey de estos: tropezarse con el ex de alguno de los dos. En estas situaciones, cualquier cosa puede pasar, siendo el escándalo el lugar más común. Ante todo, debe reinar la cortesía. Se recomienda un saludo rápido pero amistoso y la presentación de rigor. Si acaso el asunto se pone escabroso, hay que salir por la puerta grande, no sin antes tomar al nuevo pretendiente de la mano y decirle al viejo, claramente, “Adiós”.
Quedarse sin tema
Si en su primera cita los involucrados no tienen nada de qué hablar, la cuestión es clara: no hay futuro para la relación. De ahí que esta sea la única situación que, honestamente, no tiene solución. ¿Qué hacer, entonces, antes de que la cuestión llegue a tal límite? Simple. Ya que, en ocasiones, los desacuerdos son afrodisíacos, tocar temas como la eutanasia, la reelección indefinida de Chávez o la legalización de la dosis personal es una estrategia propicia para generar controversia y, quién sabe, lubricar la situación. Si definitivamente este último recurso no funciona, lo mejor es aceptarlo. No funcionó.
Des-conocimiento
En el mundo no ha existido ni existirá persona alguna que maneje todos los temas habidos y por haber. No se espera de un Premio Nobel y mucho menos de un John Doe. Entonces, si no sabe nada acerca de la guerra entre palestinos y judíos en la franja de Gaza, guarde silencio. Ni se le ocurra lanzar una opinión como “Los talibanes son una fuerza oscura que amenaza la estabilidad de occidente”, pues su ignorancia puede provocar intensas carcajadas o humillantes gestos de desaprobación.
Besos incompatibles
La charla ha estado fluida. La química, perfecta. Lentamente, llega el momento más esperado. Los labios se acercan, se tocan y, de inmediato, la noche cae en picada. Mientras el uno acaricia con pasión, el otro succiona sin tacto. Y a pesar del esfuerzo, no encuentran el ritmo adecuado. Entonces hay que admitirlo: han fracasado, pero para no tener que soportar un eterno e incómodo silencio luego del incidente, interrúmpalo de un tajo, coméntele al otro que recién se ha dado cuenta de que sigue enamorado de su ex. Esto servirá como golpe seco para matar la noche y mantener a distancia, para siempre, a príncipes que nunca dejaron de ser sapos.
Reacciones adversas a rutinas de belleza
La víspera de una cita es el peor momento que puede escoger una persona para someterse a algún tratamiento estético. Procedimientos como el peeling pueden generar reacciones cutáneas que, a simple vista, podrían aparentar una terrible afección infecto-contagiosa que espantaría hasta al más comprensivo en una noche que, por demás, iba PERFECTA. Asimismo, si es mujer, por ninguna razón se le ocurra hacerse una remoción capilar de emergencia en la zona superior a su boca, pues se estará exponiendo a lucir, en plena hora de la verdad, como una payasa. Evítese problemas: deje las intervenciones complejas para los días austeros; en caso de accidente, de nuevo, corra.
100% antinatural
Si no está conforme con el tamaño de algún órgano de su cuerpo, trate de aceptarlo de una vez por todas. Recuerde que, hasta en el “peor” de los casos, siempre es mejor lo natural. Entonces, deje ya los rellenos, pues son reflejo de inseguridad. Ya sea entre las piernas o en el brassiere, la irregularidad de la superficie puede ponerlo en evidencia, y si la relación llega a progresar, lo hará hasta cuando las manos descubran una media o un envuelto de papel higiénico en el lugar de lo natural. Entonces no encontrará excusa para justificar el peculiar hallazgo y del ridículo, créalo, no se salvará.
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