

Por Daniella Valeriano
Aparece. A primera vista es una mezcla de futbolista brasilero y cantante de reggae. Bajito, bronceado, fortachón, con un afro bien cuidado y una barba recortada que le enmarca la sonrisa. Viste sencillo: jeans, tennis Puma y una camiseta amarillo chillón, de esas que nos trae a la memoria las usadas por la selección verde-amarela dentro y fuera del Maracaná. Así y con un fuerte apretón de manos se presenta Romero Britto, el artista que ha convertido su obra en símbolo de Miami.
Brasilero de nacimiento y corazón, vive en la Florida desde 1987, dos años antes de darse a conocer a nivel internacional, cuando Absolut le delegó la creación de una etiqueta para su botella de vodka. Punto de partida para una carrera que, desde entonces, se ha desarrollado entre la galería y el supermarket.
Sobre los fundamentos de un pop art con brochazos de cubismo, este hombre patentó su concepción de arte. Una expresión alegre, colorida, brillante. Una estrategia calculada basada en la creación y distribución del llamado imaginario o vocabulario Britto. Su firma. El uso de tonos puros y chillones separados por líneas negras, la combinación de complementarios en rayas que rellenan volúmenes y formas como flores, corazones, frutas, peces, círculos y puntos en colores opuestos que juegan con el ojo del espectador y generan, tanto en lienzos como en esculturas, un efecto visual iridiscente. Una sobredosis de color cautivante y agotadora.
Para quien ha visto su obra por lo menos una vez, es difícil no reconocer su mano.
En sus gestos artísticos, sin embargo, hay felicidad: no hay ironía ni sarcasmo. Lo suyo es una utopía donde la alegría no solo es posible sino que es arrolladora. Según él, “En mi mundo ideal no existiría el miedo, estaría lleno de color y no habría oscuridad. Sería un mundo de amabilidad y oportunidad. Habría menos hambre, más amor, más verdad, más paz”.
Inspirada por los sueños y la misma alegría de vivir, en su obra no hay espacio para la tristeza. Él no ve nada en blanco y negro: es un artista que sueña en colores y de ahí obtiene la inspiración para crear. En uno de esos sueños, recuerda, apareció la idea de intervenir con sus colorines el famoso Cirque Du Soleil. Sueño que haría realidad, en febrero de 2007, cuando colaboró con el circo y Louie Vega en el diseño del pre-show para la fiesta inaugural del Súper Bowl.
Poco más de dos décadas han pasado desde que Britto arribó a estas costas para cursar sus primeros estudios formales de arte, luego de años enteros de garabatear dibujos sobre papel y canvas. Tiempo suficiente para madurar un emporio de arte y merchandising que reporta millones de dólares en ganancias al año y genera, de paso, tanta polémica como encanto.
Y es que la obra de Britto despierta controversia. Algunos la consideran demasiado comercial, sin sustento conceptual. Y es que, aparte de las camisetas, mugs y demás souvenirs respaldados por la firma del artista, no son pocas las marcas que se asocian con este para fortalecer su imagen. No son pocos los productos que se han servido del poder de sus pinceladas para posicionarse de una manera más “arty” o simplemente “cool” dentro del mercado. Evian, Movado, Audi, Coca Cola, Swatch y Technomarine, son solo algunas de las marcas que han pasado por sus manos.
Sin embargo, las opiniones de quienes lo han tildado de “diseñador comercial” no le afectan. “Esos que me critican nunca han venido a ver mi estudio, mi obra. Al final del día, tengo gente reconocida, expertos en arte que apoyan mi trabajo en todo el mundo”, afirma, despreocupado. Y tiene razón. Eileen Guggenheim, por ejemplo, experta en arte y arqueología de la Universidad de Princeton, afirma que el gran regalo de Romero Britto es que el suyo “es un arte de disfrute y placer que, además, atrae a mucha gente alrededor del mundo”.
Como Miami.
Erigida en la estación de Dadeland en Kendall, su famosa pieza “Welcome”, la escultura en aluminio más grande del mundo, le da la bienvenida a miles de turistas que, desde todos los lugares del mundo, visitan la región cada año. Hacia el oeste, en el parque de agua Grapeland, sirenas, caballitos de mar y culebritas gigantes decoran las piscinas del recinto. Y es que un pequeño tour por la ciudad del sol es suficiente para apreciar algunas de sus obras más reconocidas. No en vano, en el 2004 sería nombrado Embajador de las Artes del Estado de la Florida. Y es que, bien vista, la experiencia Britto se confunde con la experiencia Miami: multicolor, soleada, vibrante, optimista.
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