LEVEL XXX

para que camaPor: Lula Bullebulle
Ilustraciones por: Camilo Rios

A pesar de que no hay nada como la cama para hacer lo que sabemos, hay momentos en los que puede más el deseo que el confort. Aquí, una guía para sacarle provecho a otros hot-spots.

Para acuáticos
Por los motivos evolutivo-genealógicos que nos asocian con espermatozoides y renacuajos, siempre nos hemos visto tentados a experimentar placeres físicos en cuerpos hídricos; sin embargo, la cuestión no es tan fácil como decirla. Los problemas más comunes están asociados al movimiento propio del agua, pues músculos rara vez utilizados deben emplearse para sostenerse mutuamente. Esto, afortunadamente, se compensa con la reducción de peso que se experimenta al sumergirse. Pero hay otra ley física que afecta a las mujeres y que pocos consideran hasta que ya es demasiado tarde: el exceso de humedad reduce la humedad. Entonces la fricción requerida se ve limitada y llevar a feliz término la proeza resulta casi imposible. Si hay arena, se maltrata lo innombrable; si hay olas, el equilibrio se entorpece; y si hay agua, pueden haber accidentes. Por lo mismo, no sobran algunos conocimientos en primeros auxilios; además, pues es bien sabido que la respiración boca a boca se encuentra en el camino de la pasión.

Para malabaristas
El límite aparece cuando termina la imaginación. Desde columpios y sillas de picnic, hasta hamacas y escaleras, el vértigo le inyecta algo de adrenalina a los habituales jugos del amor. El equilibrio juega un papel fundamental, pues caerse en medio de la faena, además de ser mata-pasiones, puede resultar en lesión. Igualmente, relatarle al médico el motivo del accidente podría ser vergonzoso. Aunque hay heridas menores que los vivaces amantes están dispuestos a sufrir a cambio de un buen rato —moretones en la espalda, rodillas y codos—, ciertas habilidades de contorsionista se pueden necesitar cuando el soporte no es firme y, además, se balancea —en el caso de una hamaca—. No es recomendable para quienes sufren de mareos y náuseas y debe practicarse unas dos o tres horas después de la comida, pues un malestar estomacal podría significar el fin a sus exploraciones circenses. Y quizás el de la relación. No se incluyen baterías.

Para ecologistas
Para los que reciclan, cierran la llave mientras se enjabonan y prefieren la bicicleta al carro, nada mejor que un orgasmo al aire libre. Los ecologistas más extremos lo recomiendan, pues, a decir por su larga experiencia abrazando árboles, siempre es bueno expresarle a la madre naturaleza algo de amor. Bosques, valles, parques, pantanos, playas y árboles son aconsejables. Y mientras más salvaje la experiencia, mejor. Por lo mismo, se recomienda atizarla con gruñidos, rasguños y mordiscos, pues un poco de prehistoria no le vendría nada mal a la acción. Eso sí: a conservar los zapatos puestos, pues en este tipo de escenarios siempre están al acecho criaturas tales a panteras, guardabosques, policías y uno que otro ex novio presto a iniciar teñir de drama una escena que merece otro tipo de clasificación. Además los instintos deben permanecer alertas para evitar ser sorprendidos por un furioso guarda bosques que los castigue podando pasto y regando flores, y ponga en duda su amor por el planeta.

Para exhibicionistas
Las discotecas y los bares son afrodisíacos. En las mujeres brillan escasas prendas de poca tela. Los hombres encuentran el escenario perfecto para flirtear. El trago desinhibe a los tímidos. La música invita a los cuerpos a moverse. Y para muchos, tener cientos de ojos al acecho es un estimulante más. La pista de baile es una buena opción para el contacto, pero es la más arriesgada. Al mejor estilo de Tetris, los amantes fiesteros se las deben ingeniar para acomodar sus cuerpos y moverse al ritmo de la música para evitar sospechas, pero es muy probable que este tipo de acciones sean descubiertas y que los culpables terminen de patitas en la calle. La opción más común, entonces, son los baños, donde el famosísimo quicky ha vivido sus máximos momentos de gloria. Para tener éxito en el acto, habrá que hacerse el de los oídos sordos para no molestarse con los gritos y golpes en la puerta de las personas que, desesperadas, esperan; así mismo, se recomienda no apoyarse en el lavamanos, a menos que quieran refrescar el mutuo ardor con la desagradable sorpresa de un baño inundado. Una vez cometida la fechoría, salir con la mirada al frente y con la cabeza en alto. Un quicky en la disco merece un aplauso.

Para amantes de la velocidad
Algo tienen el olor de la gasolina y el rugir del motor que despiertan los instintos más primitivos en el hombre. La locación más tradicional son los automóviles. Además de los evidentes problemas de comodidad, el mayor inconveniente es la posibilidad de ser atrapado por la policía. Los vidrios empañados no dan lugar a dudas. El movimiento oscilante del automóvil confirma cualquier sospecha. Un golpeteo seco contra el vidrio trae a la realidad al par de desprevenidos amantes. Si esto sucede en una ciudad latinoamericana, lo más común es un soborno que “borre” el rastro de las autoridades. Pero si la ciudad es Miami, su mug shot quedará registrada en los archivos policiales por conducta indecente y le tocará pagar una multa y seguro también algunas horas de cárcel. En los asientos de trenes y buses muchos también han encontrado el espacio perfecto para el amor, sobre todo si el viaje es largo. Sin embargo, los velocistas más descarados han obviado la presencia del conductor del taxi y, resguardados bajo alguna prenda, han llevado a cabo sus cochinadas sin el más mínimo respeto por las inmaculadas formas del amor.

Para temerarios
Están dispuestos a perder su puesto, cupo universitario y techo. En el momento no piensan en las consecuencias de sus acaloradas decisiones. De acuerdo al momento de la vida, el spot varía. Los más jóvenes ignoran la autoridad de sus padres. Algunos aprovechan una ingenua salida de estos y tientan su destino experimentando contra el reloj. Los más atrevidos no solo ignoran la autoridad de sus progenitores, sino también su presencia. En la sala, mientras hacen una aparente visita de novios adolescentes, el placer de sus primeras caricias puede conducirlos a un largo y vergonzoso castigo y al consecuente y definitivo veto de su relación. Unos años después, los salones de la universidad y el break del almuerzo se convierten en el coctel ideal para cometer una locura que bien puede llevarlos a la expulsión. Después del grado, con el trabajo también vendrán las tentaciones. En las oficinas, las extensas jornadas y la interacción permanente llevará a los empleados a jugar con su suerte por unos minutos de placer. Y así es que son muchas las etapas y situaciones que llevan a los hombres al pecado.

Porque el sexo no solo desborda la cama, sino hasta la razón.

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