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Por Gloria Susana Esquivel

Dicen las malas lenguas que, en 1999, la mayoría de mezquitas en Costa de Marfil adelantaron los horarios de las oraciones para que sus fieles no se perdieran Marimar. Sí, por allá en África occidental, lejos de la costa en donde quedaba la casa de los abuelos de nuestra chiquilla –recordemos su canción: “¡Costeñita soy!”–, millones de marfileños religiosamente prendían sus televisores para seguir de cerca las aventuras de Thalía y Eduardo Capetillo, sabiendo de antemano que, a pesar de sus pucheros, los protagonistas eventualmente terminarían juntos, felices y comiendo perdices. O al menos tacos.

Entonces, ¿qué será ese no se qué no sé donde que hace que las telenovelas se conviertan en una adicción? Sabemos de antemano su final: los personajes principales siempre van a quedar juntos y los malos la van a pagar caro. Y aún así, no nos perdemos ni una lágrima de Thalía, ni una mala Mirada de Gabriela Spanic, ni una cabalgata descamisada de Mario Cimarro.

¿Qué será?

Jesús Martín Barbero, académico español que ha pasado la mayor parte de su carrera estudiando las ciencias de la comunicación, ha acertado en decir que para los latinoamericanos el sentimentalismo es un medio eficaz de producción y de transmisión de conocimiento. ¿No le cree? Piense en la última vez en la que usted le contó su última desgracia a algún amigo. Seguramente dejó de lado los detalles aburridos, pasó a decirle cómo se sentía y de golpe exageró algún detalle para sacar unas lágrimas de su interlocutor. Pues bueno, súmele a eso una historia de amor imposible, personajes estereotipados, nárrelo en un formato televisivo, y amigo mío, de un simple tropezón en la calle ha sacado usted una telenovela de cuatrocientos capítulos en la que, en el primero, los protagonistas se conocen, en el último, se casan, y en los 398 restantes todo conspira para evitar precisamente eso: lo inevitable.

Típico culebrón.

En una curiosa encuesta realizada a lo largo de Latinoamérica, el fútbol y la telenovela se disputaron el título de “lo más importante de lo menos importante”. Ambos pasatiempos despiertan los más profundos amores y odios. Acerca del primero, podemos afirmar que su potencia narrativa está en su naturaleza azarosa e incierta, pues durante un partido o un campeonato jamás sabemos qué va a pasar, ni quién ganará ni quién perderá. El segundo caso es curioso, precisamente, por todo lo contrario: por su calidad de deja vu constante. Aunque tejida sobre terreno predecible, la telenovela igual genera anticipaciones intensas y pasiones desbordadas. ¿O quién no deseó con todo el fondo de su estómago –sabiendo, igual, que la heroína saldría bien librada– que María saliera de su barriada?

Un acuerdo tácito que realizan los libretistas con sus televidentes es el de jamás, pero jamás, dejar un final abierto. A lo último, luego de enfermedades fingidas, embarazos de paternidad dudosa, personajes que se mueren al caerse por las escaleras y testamentos falseados, los protagonistas siempre acabarán en las mismas: arrejuntados. Ahora, las historias –que siempre son la misma contada de mil maneras distintas– siempre se inspiran en relatos clásicos, o, como dirían los libretistas menos creativos, de “temática universal”. Casi todas son Cenicienta. Betty la fea es el patito feo con frenillos. Patito feo es… El patito feo. Café con aroma de mujer es Romeo y Julieta –¿o acaso no recuerda cómo la familia de Sebastián se oponía profundamente a que él se metiera con esa aguardientera mala vida de Gaviota?–, y Kassandra… bueno, pues Kassandra no es otra cosa que El conde de Montecristo escrito por un Dumas enguayabado.

Como si se tratara de una fórmula mágica, estos dramatizados siempre cuentan historias de amores imposibles en donde una mujer, siempre casta y pura como la Virgen, y generalmente pobre y provinciana, se enamora de un niño rico, un completo pusilánime que toda su vida ha sido manipulado o por su madre o por su esposa o por ambas. Por medio de ese amor puro, por el que la protagonista luchará como si no hubiese mañana –aunque mañana sí que habrá, y ojalá mucho, pues se trata de mantener el rating–, ella encontrará, no solo la felicidad, sino el asenso social.

Porque no nos digamos mentiras: el trasfondo de la telenovela latinoamericana siempre será social. Siempre retratará esa realidad de castas, de muchos pobres y pocos ricos, de servidumbres y realezas, de lecciones inocentes como que el amor derrumba toda diferencia o que el dinero no compra la felicidad. Y es que, como género popular que juega con las ilusiones más profundas de un pueblo ingenuo, la telenovela hace posible lo imposible. En esta, finalmente, se cumple una promesa de justicia social que en la vida real jamás se realizará.

A pesar de la realidad imposible que plantean, las telenovelas siguen atrayendo al público como si se tratara de abejas a la miel. Y a todo tipo de público, pues las hay infantiles, como el clásico Carrusel, en donde la historia de Cirilo y María Joaquina nos enseñó que el racismo es malo; juveniles, como RBD y sus historias de centro comercial; históricas, casi siempre made in Brasil, que sitúan el melodrama en parajes lejanos como la hacienda en donde se empleó la esclava Isaura; caricaturescas, usualmente colombianas, que llevan los estereotipos sociales al extremo, como Pedro El Escamoso; eróticas, cuyo rating depende de la recurrencia con la que sus protagonistas se desnuden, como Los pecados de Inés de Hinojosa… y un largo etcétera.

Entonces, ¿por qué, a pesar de ser un esquema repetitivo, lastelenovelas siempre cautivan? Pues precisamente por eso. Sus historias, como las de los cuentos de hadas, siempre resultarán próximas a las necesidades y a las expectativas de las audiencias más incautas. Entre acentos no tan neutrales, parajes inexistentes, suspiros fingidos y abdominales marcados, estos melodramas se han convertido en dispositivos que alimentan un sueño. Una esperanza. Una promesa que, generalmente, suele romperse en mil pedazos cuando se enfrenta a lo mundano. Porque es hora de aceptarlo: los villanos jamás se pudren en la cárcel. Porque el CEO no se casa con la taxista. Porque, en la vida real, la de todos los mortales, eso de que “los ricos también lloran” es una mentira tan grande como que el ratón Pérez existe, o que el destino siempre va a conspirar para que todos terminemos felices y comiendo perdices.

Como Marimar.

Galanes y Galanas

Ellas: doncellas de hierro. Ellos: percherones humanos. A estos actores les debemos una lección: el significado del término “hacer el amor”. Gracias.

Thalia
Marimar, María la del barrio y María Mercedes fueron las tres Marias que hicieron que Ariadna Thalia La Sodi Miranda pasara de ser una simple cantante de Timbiriche a una reconocida diva de las novelas. En 1999 dejo a actuacion y se dedico de lleno a la musica, haciendo de su vida una novela personal al casarse con el magnate de Sony Music Tomy Mottola. .Sera que la archivillana en esta historia es la ex de Mottola, Mariah Carey?

Adela Noriega
Adela Amania Noriega Mendez se dedico a trabajar desde muy joven despues de ser descubierta a sus doce anos en un centro comercial. Adela, una Cenicienta moderna, saltoÅL a la fama en 1987 con la telenovela Quinceañera y desde ahi solo ha cosechado exitos y premios TV y Novelas (hasta el dia de hoy ha ganado once). Ha sido coronada por sus fanaticos como la reina de las telenovelas y ninguna otra diva ha sido capaz de destronarla.

Gabriela Spanic
Esta venezolana de ascendencia croata logro saborear las mieles del exito con la telenovela La usurpadora, aunque tambien es ampliamente conocida por su trabajo en La loba herida. Villana y heroina, ha dado tambien mucho de que hablar por sus peleas dentro de los sets y por tener ciertas infulas de diva. Tambien se le ha visto explotando sus dotes de vendedora en comerciales de Televentas, en donde anuncia desde fajas reductoras hasta un perfume que contiene parte de sus feromonas. Como diria La Condorito: ¡Plop!

Margarita Rosa de Francisco
Conocida tambien como “la nina mencha”, esta calena se robo el corazon de la teleaudiencia mundial con su interpretacion de Gaviota –no confundir con la obra de teatro del ruso Anton Chejov–. Ha sido virreina nacional, esposa de Carlos Vives y protagonista de peliculas espanolas. Tambien presentadora de realities y fantasia erotica de adolescentes en los ochenta al protagonizar, junto con Amparo Grisales, la novela historico-lesbica Los pecados de Inés de Hinojosa.

Veronica Castro
Tambien conocida como la mama de Christian Castro, la diva de divas, la mas famosa de todas, la primera actriz que se robo el corazon del universo, es un nombre infaltable a la hora de hablar de galanas de novela. Inicio su carrera como protagonista de fotonovelas en un periÅLodo cercano al Paleolitico y escalo a la fama con la archireconocida produccion Los ricos también lloran. Ha participado en mas de 30 telenovelas en Mexico, Argentina e Italia, pero mas sorprendente aun resulta su carrera discografica: con 23 discos grabados desde 1973 hasta el 2009 ha cantando rap, covers de Abba y musica nortena. Para preguntarse que tan buena cantante es solo hay que mirar el talento de su hijo.

Fernando Carrillo
Lo mas sorprendente de Fernando Carrillo no es su amplia carrera novelesca –13 novelas comogalan incluyendo Cara bonita e Isabel–, ni su sonado y escandaloso matrimonio con Catherine Fullop, ni su corta carrera en el cine venelozano. Lo que maÅLs sorprende de Fernando Carrillo es que, desde 1999, ano en el que Hugo Chavez fue elegido como presidente de Venezuela, este actor lo ha defendido a capa y espada. Asi como lo oyen, el seductor Ricardo Mendiola, que tanto amo a Maria Isabel, venera al polemico presidente venezolano. Sera una simple casualidad que su ex esposa, la Fullop, sea una ferviente opositora del chavismo?

Eduardo Capetillo
El galan de la pagina de al lado tiene el don de seducir quinceaneras. Desde sus comienzos en el grupo Timbiriche hasta su esplendor en la novela-musical Alcanzar una estrella, millones de jovencitas se han derretido por este moreno de ojos negros que siempre ha sabido lucir bien un jean apretado. Casado con su eterna companera Biby Gaitan, este mexicano –que ya esta mas madurito– no ha dejado de trabajar. Actualmente participa en la novela Pecadora.


Fernando Colunga
Es, tal vez, uno de los mas reconocidos galanes de telenovela. Ha protagonizado La usurpadora, María la del barrio y Esmeralda. Este latino sabroson se habia desempenado como barman, vendedor de autos, administrador de ferreteria y hasta como estudiante de ingenieria civil antes de encontrar su camino como divo. Ha en mas de 20 producciones y ha ganado el Premio TV y Novelas seis veces como mejor actor protagonico.

Guy Ecker
Este galan mexico-brasilo-estadounidense se dio a conocer por la produccion colombiana Café con aroma de mujer. En ella encarnaba al protagonista y aunque a veces parecia que no tenia dominio alguno del idioma espanol –mucho menos del acento paisa que tenian todos en esta novela– enamoro a millones de mujeres con su cabellera rubia y su cara de europeo y sus abdominales marcados. Actualmente es pionero del mercado de las “webnovelas”, y no, no por lo "webonas", sino porque son transmitidas por Internet.

Oswaldo Rios
Este puertorriqueno no solo enamoro a Kassandra –Coraima Torres– sino tambien se robo el corazon de Shakira a mediados de los noventa; sin embargo, parece que las salvajadas siempre han estado vinculadas a Oswaldo, quien todavia no ha podido escapar de la polemica que suscitaron las denuncias de su ex mujer por maltrato fisico. A pesar de esto, su estrella sigue brillando como el protagonista de la mas reciente novela de Televisa Corazón Salvaje.




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